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Jaime Rodríguez Calderón…..”El alcalde bronco”

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04 de abril, 2013

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Jaime Rodríguez Calderón…..”El alcalde bronco”

Jaime Rodríguez Calderón, “el alcalde bronco”. Foto: María Teresa Sarabia.

Por  María Teresa Sarabia

Monterrey, N.L.- El sol despuntaba detrás de las montañas que rodean Monterrey, cuando el avión inició su descenso en el aeropuerto internacional.  Desde la ventanilla pude apreciar la hermosura del paisaje de una ciudad  que conocí de niña.  Muchos años más tarde, regreso, aunque esta vez con un par de asignaciones periodísticas especiales.  Así que prácticamente desde mi llegada, empezaba mi trabajo.  Nadie me esperaba.  De inmediato me enfoqué en buscar un taxi.  Sin mucho esfuerzo, al caminar hacia la salida,  un hombre amablemente me ofreció justo el servicio que necesitaba.  Un poco cansada por el vuelo de madrugada procedente de Guadalajara, deseaba dormitar en el camino, pero la curiosidad por saber más de los personajes a quienes debía entrevistar venció al sueño.

Mientras conducía rumbo a mi hotel, antes de que yo pudiera preguntarle algo, el taxista Miguel Pérez, quiso saber si esa era mi primera visita a Monterrey.  Le dije que prácticamente si lo era, pues la  única vez que estuve ahí fue en mi infancia y la transformación de ese lugar lo hacía irreconocible para mí.  De entrada, su belleza me cautivó, pero más las historias por las que acudía en este viaje.  Llegó mi turno, le pregunté si conocía a Jaime Rodríguez Calderón…

-“¿Al alcalde bronco”?! Respondió con otra pregunta que me sonó como afirmación.

-“Claro!  Aquí todos saben quién es él.  Fue el que corrió a todos los narcos de su municipio, de García.  Y ahora quiere ser gobernador.  El y Mauricio Fernández, el que fue alcalde de San Pedro Garza García, son dos personajes que han dado mucho de qué hablar, y los dos quieren lanzarse como candidatos al gobierno de Nuevo León”.

Y la plática siguió…Fueron más de 30 minutos los que a bordo del taxi de Miguel, pude escuchar todo tipo de historias con las hazañas de Rodríguez Calderón, y a la vez admirar por la ventanilla la urbanización, y crecimiento de la capital regia, cuyos edificios y alineamiento de calles parecen tener la total influencia de las ciudades estadounidenses.  El impacto quizá de estar tan cerca de la frontera noreste de México con Texas.    Finalmente, escuchando anécdotas y platicando llegamos hasta el centro, donde estaba mi hotel.  El sueño me llegaba, pero la aventura apenas comenzaba…

MI DIA EN MONTERREY

Impresionada con una ciudad hermosa, industrial y pujante, cuyo paisaje podía ver desde el amplio ventanal de mi cuarto de hotel, me puse en acción.  El medio día llegó rápidamente y mi cita para conocer al ingeniero Jaime Rodríguez Calderón, ex alcalde de García, N.L. era para la 1 de la tarde.  Y tal como acordamos previamente, el asistente que envió para recogerme, llegó puntual.  Me informó que la travesía del hotel al municipio de García sería de casi media hora.  Pero el tráfico de la tarde podría retrasarla un poco.  Nos pusimos en marcha.  Nuevamente tuve la oportunidad de dejarme sorprender al ver los distintos rincones de la ciudad.

Nos enfilamos hacia el tramo del libramiento por  la Avenida Lincoln.  Abacuc Rodríguez, era quien tenía a su cargo llevarme a la hacienda del ingeniero Rodríguez en García.  Mis compañeros, un equipo de producción de televisión local, me encontrarían allá.  En el trayecto, tal como sucediera por la mañana con el taxista, Abacuc, quien conoce a Rodríguez desde antes de ser alcalde, me platicó parte de sus vivencias trabajando con él.  Me habló de dos atentados contra el entonces alcalde…Comenzó a contarme detalles de una historia que desde Los Ángeles había leído,  y por la cual viajé personalmente hasta Nuevo León.

LLEGADA A GARCIA…

El libramiento que se extiende a lo largo de la avenida Lincoln y que une a García con la zona metropolitana de Monterrey, además de enmarcar la belleza de la región árida y montañosa, es doblemente especial para quienes viven ahí.  Encierra parte de la historia de un lugar plagado por  narcos, pero que también es tierra de valientes.  Y aquí hago un alto en el camino, para presentarles a un hombre cuya imagen en García, se traduce en respeto, admiración y trabajo.  Se llama Jaime Rodríguez Calderón.

Una semana antes de viajar a Nuevo León, el ingeniero Rodríguez y yo, ya habíamos platicado por teléfono.  Le comenté de mi interés en entrevistarlo, debido a lo sonado de su gestión como alcalde, en una época en que en México representa uno de los trabajos de mayor riesgo por el acoso de los narcos.  Y vaya que él sabe lo que eso significa.  Con gusto aceptó y hasta ofreció enviar a uno de sus asistentes por mí, y facilitarme el acceso a su hogar y a su familia para la entrevista.  Era precisamente parte de un trabajo para la cadena de televisión para la que laboro, pero por el impacto que me causó conocer al ingeniero y su joven familia, decidí que bien valía la pena, dedicarle un espacio en TN Digital.

La llegada a García es evidente a través de un tramo del libramiento.  Una inscripción en un monumento con un ángel, lo señala como una villa metropolitana.  Después un camino pequeño, con callecitas pavimentadas, nos conduce hasta el rancho que la familia Rodríguez posee en ese lugar.  Un municipio localizado al suroeste de Monterrey, con más de 152 mil habitantes.  A nuestra llegada, luego de pasar un portón abierto de par en par, a la derecha vi caballos, y al fondo el hogar familiar, estilo hacienda que alberga el hogar de los Rodríguez Dávalos.  El ingeniero Rodríguez, con una sonrisa, y vistiendo jeans, una chamarra de cuero, botas vaqueras y un sombrero, muy propios del norte, sale a recibirnos.

-“Bienvenida a García, bienvenida a mi casa”, me dice mientras bajo del auto.  De inmediato me invita a pasar a un salón donde cuenta con un bar, un comedor, fotos familiares, sillas de montar, memorabilia y otros recuerdos.

-“Dime si te gusta este lugar para hacer la entrevista.  Es mi rincón favorito, donde siempre traigo  a los periodistas”, comenta.  Y claro el enfoque principal era de televisión, así que era necesario revisar el entorno, elegir decoración, y ubicación por cuestiones de iluminación e instalación de cámaras.  Y ese lugar donde el alcalde dice pasar sus mejores ratos, resultó ideal para realizar nuestro trabajo.   El equipo técnico conformado por dos camarógrafos, de inmediato se dio a la tarea de acomodar luces y cámara, iniciaba la acción…

CONOCIENDO A JAIME RODRIGUEZ CALDERON

Una vez listas las cámaras, su esposa Adalina Teresa, su hija Valentina, y su hijo Alex, se acomodaron cerca de Rodríguez.  Sonriente me dijo: cuando tú digas.

Y así, comienzo a conocer al hombre cuya leyenda atrajo mi atención y me llevó hasta allá…Ese que se convirtió en héroe, y cuyo pueblo hoy tiene a sus pies.  Su trabajo contra los narcos, contra los zetas, el motivo.

-“Ser alcalde es una de los trabajos más peligrosos actualmente…¿ qué le hizo a usted aceptar lanzarse en uno de los lugares con mayor azote del narco en todo el país?

Sin chistar, Rodríguez me responde:

“Si todos nos quedamos esperando a ver quien le entra, pues estaríamos peor.  Yo decidí tomar esta profesión porque pensé que podía y que finalmente a la maldad se le enfrenta con bondad, pero con carácter.  Y yo soy hombre de carácter.  Tomo decisiones y bueno, hay que afrontar las cosas”.   Y eso a lo que se refiere Rodríguez, son los narcos en el municipio de García, donde antes de iniciar su gestión como alcalde, en noviembre del 2009, era una zona bajo el constante acoso de los “zetas”.

Este hombre tuvo más clara la dimensión de sus acciones durante su campaña como candidato.  Cuando duros mensajes en su contra le avisaban quién dominaba la región.

-“Cuando estaba en campaña, me di cuenta totalmente que la mayoría de gente que protegía y que estaba incluida con este cartel, son gente de acá mismo, gente nacida aquí, que finalmente les ganó la tentación de tener más dinero, de generar temor a través del terror y de la angustia de la demás gente.  Me enteré en campaña de toda la podredumbre que teníamos en nuestra ciudad.  No solo quienes trabajan en los carteles o los dirigen, sino de la población que los cuida y los protege”.

En ese momento supo que su tarea no era cosa fácil.  Que “NO” alinearse le traería un alto costo, aunque en ese momento no imaginaba que tan alto sería.

-“El primer día tuve una situación que recordarla me causa sentimientos encontrados, porque ese día vinieron a mi casa, la destruyeron, y desaparece mi hija de dos años, y no la encuentro hasta después de tres horas.  Totalmente se me derrumbó el mundo, porque a quién le gusta, o quién va a soportar eso. Finalmente fue una situación muy bendecida digo yo por parte de Dios, porque soy un hombre de mucha fe.  Apareció mi hija, y en ese momento me dije: voy a enfrentarlos.  Salvar a mi familia no es suficiente.  Era necesario luchar por los de afuera, para que los míos pudieran estar bien”, dice durante el relato.

Jaime Rodríguez nació en el pueblo de Pablillo, municipio de Galeana.  Fue el cuarto de diez hijos de un matrimonio de campesinos.  A pesar de la escasa educación de sus padres, ellos comprendieron la necesidad de educar a sus hijos.

Para el ingeniero Jaime Rodríguez Calderón, agrónomo de profesión, de cuna humilde, 54 años y padre de 4 hijos en su tercer matrimonio con la profesora  Adalina Teresa Dávalos, mantener intacto y a salvo su entorno familiar, era esencial.  Sin embargo, en esa consigna no cabía el enviar lejos a los suyos.  Tenerlos cerca era importante.  Su presente comenzaba a salpicarse de peligro.  Del futuro, mejor ni  hablar…

-“Recibí varias llamadas telefónicas en donde quien era el jefe del cartel aquí o en la zona, que no solamente era García, sino Santa Catarina y el poniente de Monterrey, Escobedo, era un personaje que se llamaba “El Piojo”, un hombre muy sanguinario”.  Y fue cuando comprendió la fuerza de las amenazas y la necesidad de redoblar su seguridad y la de Adalina y los niños.  Sin saberlo, Rodríguez y los suyos pronto vivirían el terror en carne propia.   “El Piojo” le envió un nuevo e inesperado mensaje.  Balaceó sus oficinas de campaña, amarró  a quienes se encontraban ahí, y le dejó un mensaje a Rodríguez: el siguiente seria él.

-“La población votó por mí con la promesa de que íbamos a limpiar la ciudad, y había que cumplirlo no?

Sin embargo, su periodo como alcalde comenzaba con piedras  en un camino cuesta arriba.  A cuatro días de iniciado su mandato en García, sucedió una tragedia.  Su director de Seguridad Píblica, el general Juan Arturo Esparza, fue asesinado en una emboscada, cuando se dirigía a auxiliarlo a su casa, luego de enterarse que un convoy de más de 10 vehículos iba en dirección al hogar de los Rodríguez Dávalos.

-“Fueron 40 hombres armados contra 4.  Lo acribillaron de una manera muy difícil.  En ese momento quedé impresionado, impactado.  Pero no perdí el control.  Me dije: vamos a tener que hacer cosas más duras, cosas más fuertes, porque si se atreven a matar a un secretario de seguridad, se van a atrever a matar a todo el mundo.  Yo enterré al general, lo lloré.  Era obviamente un hombre muy querido por mi…”

(El ingeniero no puede evitar sollozar.  Más que un general, me cuenta que se trataba de un buen amigo, quien como él, pretendía dejarle a sus hijos un mejor municipio como legado, pero manos criminales se lo impidieron).  Su siguiente acción, fue rotunda.  Limpiar en su totalidad las fuerzas policíacas.  Y así lo hizo.  Despidió a todo el departamento, les quitó las armas, y decidió comenzar de nuevo dándose a la tarea de elegir el mismo a los nuevos elementos del orden que cuidarían del pueblo de García.  Una característica importante fue contratar sangre nueva…

-“Dije: Necesitamos gente joven.  Gente que tenga conciencia de que van a tener un país mejor.  Que no tengan la malicia de poderse vender por mil o 5 mil pesos a la quincena”. Y fue así como se enfocó en contratar a los menos maleados.  A esos jóvenes de García que sumaron sus fuerzas a las suyas y comenzaron a hacer la diferencia.

ATENTAN CONTRA SU VIDA

Sin embargo, con poco tiempo en el cargo, y una tarea sumamente peligrosa por cumplir tal como limpiar el departamento de policía, erradicar el narco menudeo, los taxis piratas, y hasta a los soplones de los criminales, Rodríguez Calderón, evidentemente exacerbó los ánimos de sus rivales.

-“En nuestra ciudad había mil taxis piratas.  Todos coludidos con el narco, porque a través de ellos trasladaban droga.  Y yo empecé a actuar así, deteniendo, deteniendo, deteniendo”.

Pero esas acciones sirvieron como punta de lanza para lo que vendría después.  Lejos estaba de imaginar lo que se preparaba en su contra.  Los enemigos, esta vez, venían con todo.

-“Iba yo de García a Monterrey, a una reunión, sobre la Avenida Lincoln.  Íbamos platicando.  Yo solo traía una camioneta de escoltas con 3 elementos que iban detrás mío, y Carlos Guevara, mi chofer, asistente y amigo.  Afortunadamente un amigo me prestó una camioneta blindada.  En el camino nos encontramos a otra que iba por el libramiento, y otras más por el lado contrario.  O sea, nos iban a emboscar.  Se juntaron y comenzaron a disparar.  Los escoltas, sorprendidos, cruzaron el camellón, y se volcaron.  Pensé que los habían matado.  Luego de rebasar la zona de fuego, volteo y veo que empiezan a salir de la camioneta.  Le dije a Carlos: regrésate!  El no quería, pero lo obligué.  Los cubrimos con nuestro vehículo blindado.  Murieron 3 delincuentes, y apresamos a dos”.

Luego de ésta anécdota, Rodríguez hace una pausa.  Estamos sentados dentro de la que fuera una caballeriza hoy convertida en bar y salón de juegos, decorado a la usanza norteña.  Tiene una mesa de madera donde nos encontramos y me dice:

-“Después del atentado, vine aquí a llorar de agradecimiento a Dios por dejarme salir con vida, y a beber unos tequilas”.

Sin embargo, el valor y la entereza de este hombre, serían puestos a prueba una vez más.  Los criminales seguían al acecho, y cada vez más cerca.  El enemigo no daba tregua.  Era prácticamente una guerra sin cuartel.  Una guerra a muerte.

Treinta días después del atentado al que sobrevivió, mientras revisaba obras públicas y se disponía a regresar a casa con su chofer y su escolta, nuevamente fue sorprendido:

-“Nos fuimos por la Avenida Lincoln, con dos camionetas de escoltas, y ya vi que en las obras estaban haciendo las cosas bien.  Salimos de la colonia que revisaba, y ya viniendo a casa, como a dos kilómetros, vi que toda la carretera estaba cercada con camionetas de gente armada.  Y pas…….que empieza la balacera.  La primera camioneta de escoltas se fue contra el camellón, y dije: ya se los echaron.  La segunda se volcó, y se fue contra un poste de luz.  Y la nuestra…pos a darle.  Nos empezaron a tirar.  Volteo de nuevo y veo que los escoltas vuelven a salir. Y de nuevo le pido a Carlos que regrese porque están vivos.  Los delincuentes no lo esperaban.  Cruzamos la línea de fuego y seguían tirándole a los escoltas.  Regresamos, y los cubrimos.  Ahí muere uno de ellos, Agustín.  También vi a Toño, otro de mis escoltas caer, y lo levanté y a ambos los subí a la camioneta”.

Sin pensar en el peligro del momento, y prácticamente movido por la adrenalina de la situación, Jaime Rodríguez Calderón pudo valientemente ayudar a su gente, y ver caer a algunos de los delincuentes.

-“Se sentía como granizo, el caer de las balas.  Obviamente el blindaje de mi camioneta me ha protegido mucho.  Por eso la frase esa de: quiero más a mi camioneta que a mi vieja”.

HOMBRE DE CARÁCTER, CORAZÓN Y PANTALONES

Los atentados, amenazas constantes, y el peligro acechando a los suyos, en ningún momento han sido obstáculos para Jaime Rodríguez Calderón.  El temple que dice haber heredado de su padre, lo mueve para defender una herencia no solo para sus hijos, sino para todo el pueblo.

-“Se necesita tener cerebro, corazón y pantalones conectados.  Tampoco es grandioso que te tengas que armar.  Yo sé usar el carácter”.

Motivo por el cual en el pueblo se ganó el apodo de: “EL ALCALDE BRONCO”, y así se le conoce no solo por todo el estado de Nuevo León, sino en el resto del país, donde la historia de sus atentados fue vista por televisión.

-“Me daría mucha vergüenza que mis hijos digan: papá se rajó.  O papá huyó, nada más por tener papá.  Yo conozco a muchos amigos míos que se han ido de Nuevo León.  Que se han llevado a sus familias. ¿Qué es más importante: tu país o tu familia? En mi caso, mi país es más importante.  Sin mi país no tengo familia”.

-“Pero usted parece tener 7 vidas. ¿Quién lo protege, algún ángel de la guarda, es amigo de la muerte?  Porque no todos los alcaldes han corrido con la misma suerte.

De inmediato me responde:

-“Yo soy un hombre de mucha fe. Dios es quien me protege absolutamente.  Además tengo carácter.  Y claro, soy amigo de la muerte.  Dios te la manda.  Y la muerte es mi amiga.  Ni la ando buscando, ni la ando picando.  Si va a venir por mí, será cuando Dios la mande.  Y así sea el Chapo Guzmán, el Piojo, el Fabuloso, o todos juntos, si Dios te protege no te pasa nada”.

-“O sea que usted… ¿con fe venció a los narcos”?

-“Claro, la fe es grandiosa.  Yo tengo la misión de ser autoridad.  Tú tienes la misión de ser periodista.  Yo de limpiar mi ciudad.  Y también de limpiar un estado y lo vamos a hacer”.

Hay otra pausa…

“No quiero que un día mis vecinos digan: Ahí va el alcalde maricón, el que se rajó, el que no le entró.  Así dicen de muchos, ¿eh?

Debo decirles que escucharlo hablar con tanto aplomo, sin titubear y seguro de que logrará lo que se proponga, despierta en mí preocupación.  Si, ¿quién no se preocuparía por esos 4 hijos pequeños, y su joven esposa, en una posición como la suya?  Sin embargo el ingeniero Rodríguez parece tener su plan de vida trazado.

-“Nuevo León no debe ser entregado a la maldad.  La autoridad generó miedo al mezclarse con el narco, por eso los ciudadanos no participan en la limpieza de sus regiones.  Pero para eso estoy yo.  Finalmente se trata de que limpiemos el estado para nuestros hijos, debemos dejarlo tal como nos lo dieron nuestros padres.

ADALINA TERESA, UNA ESPOSA VALIENTE

Adalina es la madre de Alex, Valentina, Victoria y Emiliano.  Tiene 31 años, y es maestra de profesión.  De expresión dulce, hacendosa, valiente, entregada a sus hijos y a su marido, es parte del universo del ingeniero Rodríguez Calderón.  Lo apoya en todo, incluso en esos momentos cruciales en los que atentaron contra la vida de su esposo.  Ella jamás pensó en alejarse de su lado.

-“Desde muy niña me gustaba la política.  Y lo que a Jaime le apasiona, a mí también.  Nos gusta servir, ayudar.  Entonces creo que todo el riesgo que hemos corrido desde hace 3 años, valió la pena”.

Me resulta inevitable hacerle una pregunta que seguramente le han hecho muchas veces.  Es necesario saber la respuesta:

-“Tu esposo dice que ustedes están preparados para cualquier cosa que pueda pasar. ¿De verdad estas lista para que un día alguien te diga que tu esposo murió en un atentado”?

-“Yo creo que el miedo todos lo tenemos, no es que no temamos.  Pero hay que enfrentarlo y hacer las cosas”.

-¿Estás dispuesta a correr otro riesgo apoyando a tu marido en su carrera por la gubernatura de Nuevo León”?

_”Si.  Si y mis hijos lo saben.  Si tú le preguntas a Valentina, ella dice yo soy la hija del próximo gobernador.  Mi papá va a ser gobernador”.

Incluso me llama la atención comentar que durante la entrevista con Rodríguez Calderón, la pequeña Valentina, que estaba cerca, al escuchar a su padre narrar los atentados, en forma natural, ella le dijo:

-“Ya ves papi, por eso te he dicho que te compres otra pistola”.  Luego de este comentario, que suena  irónico escucharlo en la boca de la pequeña Valentina, más que nunca de inmediato pensé en el futuro de esos niños.  Seguramente al lanzarse por la gubernatura de su estado, el Ingeniero Rodríguez Calderón enfrentará mucha presión, y deberá mantener más cerca que nunca a su familia.  Sin embargo su carácter y fuerza de voluntad parecen contagiar a los que ama, porque aún a su corta edad, Valentina, Alex, Victoria, (menos Emiliano)  sostenido en los brazos de su madre, Adalina Teresa, parecen comprender el entorno que los rodea.

Al terminar la entrevista, amablemente Adalina Teresa nos invita a comer a quienes estamos trabajando en la producción, y a algunos amigos de la familia que se encontraban en el lugar.  Nos hizo chiles rellenos, caldo de res, y otras delicias que todos compartimos en una tarde serena.  Seguido del postre y una breve tertulia, Rodríguez Calderón nos invitó a conocer su municipio.  A pasear por las calles de García, a corroborar con nuestros propios ojos la tranquilidad actual en la población, y el cariño y agradecimiento con que los lugareños ven al ingeniero.  Recorrimos una rotonda que le dedicó a los caídos con el general Esparza, así como un centro comunitario donde los jóvenes aprenden computación, entre otros lugares.  Es evidente que su gestión de alcalde rindió frutos positivos de los que ahora goza la población.

UN TROFEO

Sin embargo, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón tiene presentes a sus adversarios.  Sabe que el trayecto a la gubernatura del estado no será fácil.

-“Yo sé que soy un trofeo para ellos.  Como los cazadores ¿no?  Yo lo sé”.

Pero la fe que profesa, así como su  voluntad, carácter, y esperanza de dejar un México mejor a los que vienen, son la fuerza motriz que lo empuja a seguir adelante.  A caminar por un sendero espinoso que finalmente dice lo llevará hasta la meta.

* Esta entrevista fue publicada originalmente en Tere-Notas. Sígue esta publicación en Twitter @mtsarabia , y si deseas ordenar ejemplares impresos, ve a www.magcloud.com, teclea la palabra Terenotas, seguida del número de revista.  Ellos envían a cualquier punto dentro de los Estados Unidos.  Y ahora ya puedes descargar la aplicación “MC magcloud for ipad”, para descargar también ahí la versión digital.  Y claro síguenos cada miércoles en Facebook.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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