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Un duelo incómodo

Rubén Luengas

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10 de marzo, 2013

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Un duelo incómodo

 

Rubén Luengas.

 Rubén Luengas/Entre noticias

El cáncer hizo lo que no pudo hacer el rey de España: callar a Hugo Chávez. “No podía hablar, pero lo dijo con los labios: ‘Yo no quiero morir, por favor  no me dejen morir”, fueron las últimas palabras del presidente venezolano, según el jefe de su guardia presidencial, general José Ornella, en declaraciones publicadas por el diario argentino La Nación.

Ornella informó también que fue un “infarto fulminante” lo que finalmente silenció al hombre a quien los fabricantes de la “opinión pública” quisieron presentar como la personificación misma del demonio. Ni siquiera ahora que está muerto, deja de causar polémica la figura del ex mandatario. Danzan alrededor de su cadáver los rumores de que pudo haber muerto en La Habana y no en Caracas, de que la caja ante la que lloraron miles de venezolanos en el cortejo fúnebre, no contenía en realidad los restos del líder de la Revolución Bolivariana, quien llamó en repetidas ocasiones al ex presidente estadounidense George W Bush, “Míster Danger” y al ex presidente mexicano Vicente Fox, “cachorro del imperio”. Durante el funeral, se habría supuestamente quedado dormido este viernes 8 de marzo el actual mandatario de México Enrique Peña Nieto.

El caso es que se habló y se seguirá hablando de Hugo Chávez, según el color del cristal con el que se le mire. Ni el odio visceral, ni el amor incondicional, podrán hacer un retrato fiel del personaje que deja un vacío muy difícil de ocupar en la política de América Latina y del mundo.

Diferentes medios y sus comentaristas designados, se han referido críticamente al hecho de que el cuerpo de Chávez Frías fuera embalsamado para que los venezolanos pudieran verlo durante unos días más. Aquí en Estados Unidos, algunos destacaron esto como desmesurado, excesivo, sin advertir que hay casos como el del presidente Lincoln cuyo cuerpo fue llevado por tren en procesión fúnebre por varios estados de una nación donde muchos consideraban a Lincoln el salvador de Estados Unidos y el protector y defensor de lo que él mismo llamó “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, cuya imagen quedó plasmada en los billetes de cinco dólares y en las monedas de un centavo.

El gobierno de Barack Obama, a quien Hugo Chávez obsequió en la Cumbre de las Américas una copia en inglés del libro del escritor  Eduardo Galeano, “Las venas abiertas de América Latina”, reaccionó oficialmente diciendo que “En este momento difícil, los Estados Unidos reafirman su apoyo con el pueblo venezolano y su interés en desarrollar una relación constructiva con el gobierno venezolano. Mientras Venezuela comienza un nuevo capítulo en su historia, los Estados Unidos mantienen su compromiso por promover principios democráticos, la ley y el respeto por los derechos humanos”.

Me pregunto, ¿a cuáles principios democráticos se refiere la administración Obama, que por razones diplomáticas obvias no puede expresar satisfacción por la muerte de Hugo Chávez ni pesar alguno que alimente a los despistados que le han acusado absurdamente de ser un socialista encubierto?. Me pregunto igualmente, ¿a cuáles Derechos Humanos exactamente se refiere el cuadragésimo cuarto presidente de EEUU y premio Nobel de la Paz 2009, quien en su calidad de comandante en jefe ha extendido y aumentado la cancelación de derechos civiles al interior, mientras en el exterior es el responsable de la masacre de civiles inocentes y de la continuación de prácticas clandestinas de tortura denunciadas por diferentes organizaciones de Derechos Humanos?

En una entrevista que le hiciera a Hugo Chávez el presentador de CNN Larry King, éste ignoraba las respuestas contundentes del venezolano para apegarse a la idea esencial de cuestionar lo que bien podría haber puesto en estas palabras: ¿Por qué usted no se arrodilla como otros?.

No es tarea sencilla realizar una semblanza justa de Hugo Chávez, a quien muchos en Estados Unidos querían ver muerto por enfermedad o por asesinato. En agosto del 2005, el pastor evangélico Pat Robertson durante una alocución televisada en su programa El Club 700, solicitó -de manera muy cristiana- que el presidente venezolano fuera asesinado. “Creo que deberíamos continuar con ese plan y hacerlo”, dijo Robertson, quien se lamentó que los Estados Unidos hubieran fracasado en su intento de remover “al dictador” durante el intento de golpe de estado en abril del 2002. El presunto seguidor del cristianismo, dijo también en esa ocasión que “eliminar a Chávez sería más económico que iniciar una guerra. Tenemos la capacidad de sacarlo y creo que ha llegado el tiempo de ejercer dicha capacidad”.

La Casa Blanca se distanció de las declaraciones, pero sin condenarlas, diciendo que eran sólo las declaraciones de un ciudadano común y corriente que no reflejaban la política del gobierno.

¿Común y corriente Pat Robertson, el predicador evangelista más famoso e influyente de Estados Unidos después de Billy Graham y que mantiene estrechas relaciones con la familia Bush?

Si bien es cierto que muchos están contentos con la muerte de Hugo Chávez, también parece cierto que incluso desde la tumba la figura del bolivariano seguirá siendo incómoda para sus detractores. De hecho, aún muerto podría volver a ganar él las siguientes elecciones presidenciales, pues parece improbable que la derecha venezolana pueda remontar en las urnas el sentimiento de dolor tan evidente que sus seguidores han mostrado desde su deceso el pasado 5 de marzo.

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Rubén Luengas

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