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Los roles del poder

Manuel Sañudo

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01 de marzo, 2013

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Los roles del poder

Manuel Sañudo Gastélum.

 “Cualquier poder, si no se basa en la unión, es débil”

 Jean de La Fontaine

 El poder en la empresa, concebido en términos de la eficacia de hacer que las cosas sucedan, asume cinco facetas o roles que es necesario identificar – y ejercer debidamente – para que esas cosas sucedan bien.

 Veamos cuáles son esos cinco roles:

Rol de Dueño: es aquél que define el rumbo, imprime la filosofía de trabajo, protege el patrimonio y exige rendimiento en todos los sentidos. Por consecuencia, le da Seguridad a la empresa.

Rol de Emprendedor: es el que desarrolla nuevos productos, servicios, mercados, procesos, sistemas y estructuras. Tiene que ver, en su momento, con la reinvención de nuevas formas de hacer el negocio. Su papel predominante es la Innovación.

Rol de Director: él analiza los problemas, toma las decisiones, fija objetivos y diseña las estrategias. Es el mando ejecutor para hacer que las cosas sucedan. Su responsabilidad primordial son los Resultados.

Rol de Operador: es quien pone el ejemplo al intervenir pues domina el quehacer, por lo que su presencia y ejemplo son impactantes. El Testimonio es su efecto más categórico.

Rol de Administrador: sistematiza la operación, proporciona información y control. Además establece normas, políticas y reglas de actuación. Su sello substancial es el Orden.

Es posible y conveniente obtener un “perfil de roles” de la persona – ó de las personas que mandan en la empresa. Lo que constituye un signo de lo fuerte, mediano, o limitado de determinado rol en un individuo. Pues, es evidente, que no es normal que el dueño fundador  (o dueños) sea bueno en todos los roles. Lo usual es que se sea bueno en uno o dos  de ellos,  y en el resto no… o no totalmente.

El poder, aunque esté desdoblado en cinco roles, constituye la forma de gobernar la empresa. Y la ausencia o debilidad de uno de ellos, irá en deterioro de los resultados finales.

Es necesario que el director-dueño reconozca la realidad de la vida empresarial: que es muy poco probable que él domine y  tenga los talentos naturales para ejercer plenamente todos los roles. Así, es extremadamente importante que la cabeza – o cabezas – del negocio sean absolutamente consecuentes de sus propias fuerzas e incompetencias, en cuanto a estos roles del poder. Porque lo productivo y sensato es que cada talento se aplique en la mejor oportunidad de aportar al buen gobierno de la empresa.

Y, si es el caso de un emprendedor único – y solitario en el poder –, deberá de desarrollar o contratar a ejecutivos que lo complementen, en sus limitaciones, como mandatario del negocio.

Ejemplifico: puede ser que el Patrón sea  un magnífico Emprendedor, excelente Director y hasta, quizás, un muy buen Dueño, pero que tenga grandes fallas (o aversiones personales) en los padrones de Administrador y de Operador. Excusa decir que ello perturbará la buena marcha del negocio. Sería como tener, valga la expresión, “una mesa sin una de sus patas”.

Reconozcamos que no podemos ser excelentes en todos los roles, y esto requiere de madurez y valentía. Demanda, igualmente, saber y querer delegar la autoridad.

Resulta obligado, si se desean ejecutar íntegramente todos los roles y así conquistar resultados óptimos, el redefinir la regencia de la empresa. Habrá que reacoplar las responsabilidades del dirigente  – y su gente clave –  en orden a sus talentos y a la composición del poder. Es buscar la fuerza de la unión, mediante el reparto de las facetas del poder, para que cada quien haga lo que mejor sabe y puede hacer.

**El autor es Consultor de Empresas en Dirección Estratégica.

Correo: manuelsanudog@hotmail.com

Blog: www.entusiastika.blogspot.com

D. R. © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción de este artículo sin el permiso de su autor.

 

 

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