Jorge Borda, productor y director de documentales, lucha contra los estereotipos

Con los Bateys de Dominicana.

Un aventurero empedernido ha recorrido más de 40 países reflejando la historia, la cultura y la tradición de los pueblos. Sin embargo, al final de su camino siempre está “el hombre”.

Con más de 100 documentales, Jorge Borda ha sabido encontrar y descubrir secretos y costumbres  en los lugares más remotos del  planeta: América Latina, África, los desiertos del Sahara, Dalí, Atacama, entre las tribus del Amazonas y en la Antártida. Su vida puede resumirse en la frase que siempre pronuncia:

“Un reportaje informa, pero un documental educa”.

Borda es un enamorado ferviente de las riquezas de las Américas por su historia y por su patrimonio cultural. La ha recorrido desde Alaska hasta la Antártida. “Este es un continente con un alma que florece día a día. El espíritu de sus pueblos son una muestra de la verdadera dimensión del hombre en su estado más puro”, manifiesta el director.

A lo largo de su dilatada carrera ha explorado diferentes universos y en la actualidad se encuentra desarrollando nuevos proyectos para el mercado bilingüe de los Estados Unidos  con un objetivo claro: romper los estereotipos que los americanos tienen de los latinos y los que  tienen los latinos de los americanos.

 Pregunta: Su proyecto habla de los estereotipos y pensé que trataba sobre el estereotipo con el que muestran en este país a los latinos.

 Borda: En esta sociedad que vivimos -y hablo del mundo en general- todos pertenecemos a un colectivo al que por lo general otro grupo estereotipa. Los periodistas son así, los científicos de esta manera, los artistas de otra o mi vecino de aquella. Mi propuesta es desterrar esos estereotipos y que esta propuesta, humildemente, nos ayude a conocernos de verdad. Tengo un gran amigo, Carlos Barba pionero de la televisión latina en este país, que dice: “como nos vamos a globalizar si no nos conocemos”. Y es verdad. Los estereotipos nacen mayormente del desconocimiento. Son hijos del miedo, ese miedo hacia todo aquello que nos resulta desconocido.

 P: ¿Usted no cree que el americano tiene mayores prejuicios en contra de los latinos que viceversa?

B: Creo que no, y quizás me equivoque, pero para mí tienen mucha similitud porque los dos nacen de un mismo lugar: el desconocimiento del otro. Claro está que en algunos casos son producto de la intolerancia, eso no se puede negar, pero creo que todo se circunscribe a la educación, el conocimiento y sobre todo al respeto por tu semejante.

 P: Cuáles son esas dos vertientes que usted manifiesta?

 B: Vivo en este país hace muchos años y he visto las diferentes transformaciones que ha sufrido. Mucho más que en Europa a la que estoy muy ligado. En Europa se siguen conservando rasgos de superioridad ante todo el mundo por el sólo hecho de ser europeos. En Estados Unidos al menos se ha tratado de encontrar y probar nuevos caminos; no hace falta más que mirar quien ocupa la Casa Blanca, algo impensable hace pocos años. Esa ya es una señal de que América está cambiando. Han sido muchos años de desconocimiento, desinformación y prejuicios. Pero también a los latinos les ha costado entender la idiosincrasia del americano medio y su forma de vivir.

P: Perdóneme, pero dígame cuáles son los prejuicios de los latinos.

 B: Quizá el primer obstáculo del latino residente aquí es pensar que más allá del trabajo no existe nada que merezca la pena para integrarse a la cultura americana sin perder la suya. En lo que conozco, el latino se integra con gran esfuerzo en su lugar de trabajo, respetando la cultura laboral del país, pero muy pocos van más alla. Sigue moviéndose entre sus pares, comiendo su comida y tratando de vivir como lo hacía en su país. El americano, salvo honrosas excepciones, hace exactamente lo mismo cuando va a Latinoamérica. Es imprescindible para él que exista un McDonald, y con esto quiero simbolizar todo lo demás.

P: ¿Y qué solución propone?

B: Entender que no somos mejores ni peores sino diferentes y que estas diferencias son precisamente las que nos enriquecen si sabemos aprovecharlas. Ambos tenemos muchas cosas que aprender y disfrutar del otro. El secreto es tener ganas de conocer al vecino. La función del documental es vital para que se realice este proceso. Educa, integra y permite descubrirnos en todas nuestras facetas desde una posición abierta y sin prejuicios. Espero que ésta, mi pequeña contribución, consiga acercarnos unos a otros y disfrutar de nuestras diferencias en la igualdad.

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