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Política sin políticos

Álex Ramírez-Arballo

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06 de diciembre, 2012

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Política sin políticos

Álex Ramírez-Arballo.

Desde que era pequeño he escuchado a mi alrededor a muchas personas que se quejan sin parar de los políticos, del estado, de la cuestión del poder y los poderosos. Siempre se les ha acusado de ladrones, vividores y toda clase de corrupciones morales; se les acusa, pues, de ser los responsables de una corrupción rampante y compartida que no puede sino amenazar la posibilidad de consolidar una verdadera democracia. La verdad sea dicha: un día sí y el otro también, los diarios dan cuenta de una y otra y otra larva pública, sujetos pillados con las manos en la masa, gentuza que, sin que medie el más mínimo escrúpulo, hunden sus manos en los presupuestos públicos para vaciar las arcas y llenar los propios bolsillos. No podemos negar lo evidente.

Sin embargo, creo que la denostación y la crítica carnicera no son suficientes. Es necesario que las personas de bien, que los hay –y en abundancia- renuncien a su impasibilidad y a esa distancia cómoda desde la que pretenden dignificarse al diferenciarse de las lacras de carrera. Nada beneficia más a la sociedad que la expresión personal y colectiva de las ideas, pero también la acción, la participación y el encuentro de los ciudadanos que se disponen a conjugarse por el bien de todos. Si la clase política –término que me resulta absolutamente repugnante- hace y deshace sin el menor asomo de culpa es precisamente porque no existen los fiscales que los llamen a cuentas; ahí donde las personas no evaden su responsabilidad colectiva y son capaces de poner la mano entera en la llaga, ahí también es donde comienzan a verse los verdaderos cambios.

No es pedir mucho, es pedir lo justo, lo necesario. Lo que sucede es que desde siempre, al menos en muchos de nuestros países, se nos ha entrenado para mantenernos al margen: la indiferencia del pueblo no hace sino beneficiar a los sinvergüenzas que saquean villas, ciudades y naciones enteras. Está claro que la perduración de esta división entre puros e impuros perjudica a aquéllos y otorga patente de corso a éstos que, como sabemos, no tienen el menor asomo de dignidad en su genética. Indignémonos, claro, es necesario, pero demos también un paso al frente, tomemos los espacios que nos vuelven visibles y asociémonos con los demás sin que exista el prurito o vergüenza. La acción pública nos dignifica a todos siempre y cuando se realice desde el deseo de ayudar y bajo la premisa de respetar a ultranza la diferencia natural de opiniones. Si se puede, algo más: sonriamos siempre y busquemos ser generosos. Es lo justo.

Postdata

Cada vez que renunciamos a la generosidad de la sonrisa estamos perdiendo el tiempo. Cuando somos capaces de la gentileza, a pesar de todo, a pesar de lo que sea, la humanidad entera recupera la confianza en sí misma y se aferra a la fe en un mejor mañana, en un mejor hoy. La violencia corrompe y perturba, nos aleja siempre de nuestra casa universal: la esperanza.

Twitter: @alexramamx

Email: alexramamx@gmail.com

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