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12 de diciembre

Álex Ramírez-Arballo

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12 de diciembre, 2012

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12 de diciembre

 

Álex Ramírez-Arballo.

Como cada año, el doce de diciembre llega puntual y con el toda la farfulla de la celebración de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde que era niño la fiesta me ha parecido colorida, vívida, hermosa; por aquellos años era, además, la puerta de entrada al periodo vacacional de invierno, lo que implicaba para mí una alegría adicional: la Navidad estaba a punto de llegar y con ella la comida y los regalos.

Año con año, los mexicanos se reúnen en torno a la figura de la Virgen de Guadalupe. La fiesta es católica, desde luego, pero es también algo más; creo que no exista ningún elemento unificador del sentimiento nacional tan potente. El doce de diciembre ocurre algo comparable a lo que sucede, por decir algo, el cuatro de julio en los Estados Unidos: el país entero se siente parte de algo que nos trasciende y da sentido. En México (que no se circunscribe al territorio nacional, se entiende) no existe icono que sea tan respetado, incluso por aquellos que practican cualquier tipo de vivencia religiosa.

En un país tan fragmentado como México, un país en el que la injusticia, la violencia y los malos gobiernos han socavado las estructuras sociales, la Virgen de Guadalupe y su poder de convocatoria se me presentan como una tregua: un poco de aire fresco en una sociedad convulsionada. A los mexicanos nos hace bien esto. A los mexicanos, que hemos vivido por momentos el sentimiento de la desorientación histórica, el estandarte guadalupano sigue sirviendo de faro en medio de la polvareda y los tiros.

Sin embargo, creo que más allá de las emociones, los mexicanos deberíamos asirnos a las convicciones. Deberíamos -humildemente me atrevo a sugerirlo- entender que la división no es buena, que la fractura nos impide desarrollarnos, que las diferencias, naturales y esperadas en cualquier grupo humano, no pueden implicar jamás el estancamiento y la derrota común. Ahí donde no existen los pactos fundamentales de cohesión social, ahí estaremos contemplando la tragedia de los hermanos que no logran ponerse de acuerdo para caminar juntos. Creo, a pesar de nuestra natural predisposición al pesimismo, que llegará el día en que podremos trascender la ruptura y podremos asumir también que no hay más remedio que aprender a compartir un mismo aire.

¡Qué viva la Virgen de Guadalupe!

 Postdata

 Todos tenemos más fuerzas de las que pensamos. Cuando la adversidad nos golpea, el corazón se activa y entonces desde nuestro ser más íntimo se levanta un deseo de continuar luchando; hay algo más: en la derrota tenemos el hermoso privilegio de reconocer a la gente que de veras está con nosotros, a nuestros amigos, lo cual no es poca cosa. Aquellas personas que no han tenido el privilegio del dolor, están condenadas a no saber jamás el tamaño y el temple de su propia alma. Benditas sean, pues, las adversidades, que nos permiten ver y conocer nuestro verdadero rostro.

Twitter: @alexramamx

Email: alexramamx@gmail.com

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Álex Ramírez-Arballo

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