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Polvo y paja

Álex Ramírez-Arballo

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13 de noviembre, 2012

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Polvo y paja

Álex Ramírez-Arballo



El día que Felipe Calderón tomó la presidencia de la república entre
jaloneos, empujones y mentadas de madre, yo me encontraba en una
situación no menos apretada: tomaba mis exámenes doctorales frente a
un comité de fusilamiento académico constituido por cinco muy
entrañables profesores, hoy colegas.  Recuerdo que al salir de casa me
demoré unos segundos para ver las escenas que mostraban el asalto del
panista a la primera jerarquía política de México; no exagero -ustedes
lo vieron-, pero el desorden, el ambiente de crispación y lo
tragicómico del asunto han quedado ya para siempre en nuestra memoria
colectiva nacional. Lo que ignoraba en ese momento era que en aquellas
bochornosas escenas existía una señal, un mensaje profético que
anunciaba que lo peor, por difícil que nos hubiera podido parecer a
todos, aún estaba por venir.

Han sido seis años en los que resulta muy difícil hablar de algo que
no sea la maldita guerra al narco que, como afirma el escritor
norteamericano Charles Bowden, es una guerra por “el control del
narco”; es decir,  una pugna por hacerse con la tajada más suculenta
de las de por sí pingües ganancias del negocio de la droga. Las
víctimas, como siempre, han sido los más pobres, los más desvalidos,
los que no tienen voz para poder siquiera levantar una débil queja;
los he visto, he leído sus testimonios recopilados en los libros de
los cronistas más valientes del país: a la tragedia del hambre y la
ignorancia se añade hoy la de la violencia y el olvido. Existe una
generación actual que ha nacido bajo fuego, que ha sido arrullada por
el tableteo de las ametralladoras y que cree, no puede ser de otra
manera, que México ha sido siempre así, un amasijo de hospitalidad y
barbarie: mi fosa es tu fosa.

La tesis de los que intentan explicar el caos es simple: Felipe
Calderón trató de legitimar su presidencia avivando el fuego,
acrecentando un problema para que el humo de aquellos fuegos hiciera
olvidar muy pronto los jalones y estirones que dejó la contienda
electoral del 2006. Seguramente hay algo de eso, no lo puedo imaginar
de otra manera, pero también es cierto que a este plan macabro debe
unirse la propia incapacidad, la ineptitud, la falta de liderazgo y
la visión de estado necesarias que un cargo como el de presidente de
la república demanda. En este caso, tengo para mí que la torpeza es
aún más culposa que la perversión.

¿Qué sigue? No lo se, no soy augur; pero, a pesar de la pobreza de mis
escasas facultades proféticas, puedo intuir que el regreso del PRI al
poder abre las puertas a la práctica radical de viejos vicios (vicios
sempiternos, debería decir) que no son atribuibles a un solo partido
pero que, en el caso de los tricolores, han sido elevados a las
alturas de la perfección artística. Espero sinceramente que la
“segunda temporada” de los revolucionarios e institucionales no sea
tan prolongada como la primera, de la que aún padecemos las secuelas.
Dios, ten misericordia de nosotros.

La madre patria

Soy aficionado a la radio y paso largas horas del día combinando mis
actividades cotidianas con la escucha de programas producidos en
España. Creo que en ese país se realiza en este momento la mejor radio
de habla hispana; no es solo la producción sino también el contenido
lo que me atrapa.  Me interesan sobre todo las tertulias o mesas de
análisis y discusión: la locuacidad, la agudeza y el buen humor de los
conductores –presentadores, dicen ellos- hacen de dichas emisiones
verdaderos documentos sonoros, testimonios y crónicas de un tiempo
mucho más que difícil para esa nación. El caso de los famosos
desahucios ha alcanzado tal hondura dramática que en algunas
localidades (Las Palmas, Granada, por citar los dos casos más
recientes) algunas personas se han visto forzadas a suicidarse tras
ser despojadas de sus viviendas. Los casos comienzan a acumularse y
esto, como es natural, ha conseguido sonar la alarma entre los
comunicadores y la comunidad en general. Al momento de escribir estas
líneas, el gobierno de Mariano Rajoy y la “Gran Banca” han acordado
detener los desalojos durante los próximos dos años, sólo en aquellos
casos de “extrema necesidad”, lo cual es decir poco, pues se impone la
discrecionalidad como método de selección de las víctimas. Debe
tratarse, en todo caso, de una medida que busca descargar un poco la
honda preocupación que ha nacido entre la población española, que
observa impotente cómo van a apareciendo más casos de suicidio en lo
que algunos ya comienzan a llamar el “genocidio financiero español”.

El acoso

Pocas cosas consiguen exasperarme tanto como el acoso o Bullying. Se
trata de la expresión más grotesca del poder y la barbarie; alguien,
niño adolescente o adulto, decide, movido por quién sabe qué oscuras
sinrazones, divertirse con el sufrimiento que infringe en alguien más
débil. El desarrollo de las nuevas tecnologías ha abierto el campo
para que estos canallas salgan de “cacería virtual”. Los padres de
familia, las instituciones y el propio poder público debemos
involucrarnos para aliviar y, en la medida de lo posible, erradicar
este mal. No podemos doblar los brazos resignados afirmando que el
mundo es así, que cuando nosotros éramos pequeños sucedía lo mismo y
que, aun más, esas experiencias nos hicieron fuertes, como en cierta
ocasión le escuché decir a un mentecato. La violencia de las balas
comienza siempre con la violencia de los gritos. Si queremos vivir en
un mundo mejor, un mundo más justo, debemos hacer lo que nos
corresponde: educar a nuestros hijos en la idea del respeto por los
demás. En el siguiente sitio gubernamental se encuentra mucha
información valiosa para mentores y padres de familia.
http://www.stopbullying.gov/

Postdata

Creo que pertenezco a una generación de hombres y mujeres que tenemos
en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas. Es necesario,
lo veo claramente, promover una transformación desde el deseo de paz.
Aquellos que conocen cuáles son nuestros problemas y quieren
resolverlos desde la violencia, son como aquel doctor enloquecido que
buscando solucionar el dolor de cabeza de su cliente opta por una
terapia efectiva aunque algo radical: la decapitación.

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Álex Ramírez-Arballo

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