Afromexicanos piden reconocimiento y justicia

El sudafricano-mexicano Jean Philibert Mobwa Mobwa participa en un foro sobre la discriminación racial en México.

México, 27 sep (EFE).- Arrancados de sus lugares de origen y traídos del continente africano en pleno periodo colonial, los afrodescendientes en México reclaman el «reconocimiento, la justicia y el desarrollo» que se les negó a sus antepasados.
«La situación de la población afromexicana está marcada por un proceso de reconocimiento que ponga fin a la invisibilidad a la que estuvo sometida históricamente», aseguró a Efe el pastor Elías Murillo, experto independiente del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas.
Durante el Foro Nacional «Poblaciones Afrodescendientes en México 2012», que se celebra esta semana en la capital mexicana, el experto criticó que «durante mucho tiempo» las autoridades «dejaron de lado» una realidad que, «aunque minoritaria, es representativa» en la construcción de la nacionalidad mexicana y su naturaleza mestiza.
La presencia de personas del continente africano en México se remonta al periodo colonial. Durante el siglo XVI alrededor de 250.000 hombres, mujeres y niños llegaron al país para trabajar en las haciendas, las minas, los gremios o el trabajo doméstico.
Han pasado varios siglos hasta que finalmente la «cohesión y organización de las comunidades afromexicanas», unido a la puesta en marcha de discretas acciones positivas por parte de las autoridades, han permitido articular una clara reivindicación de sus derechos con base en el «reconocimiento, la justicia y el desarrollo».
No obstante, esa reclamación debe estar respaldada, a juicio del experto, por un «plan de acción» institucional que utilice los instrumentos internacionales y la legislación nacional para mejorar las condiciones de vida de una población que se encuentra muy por debajo de los promedios nacionales de desarrollo.
Como primer paso, Murillo propuso que se incorpore la variable étnica afrodescendiente en el censo para saber con precisión la cifra de personas que integran este grupo, que según estimaciones recientes está formado por medio millón de personas distribuidas principalmente en los estados de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Chiapas y el centro del país.
Las características propias de esta población, originaria de la región que actualmente ocupan países como República Democrática del Congo o Angola, ha abierto el debate sobre una posible reclamación de su reconocimiento como pueblo originario, según el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales.
Israel Reyes, afrodescendiente de 44 años nacido en la localidad oaxaqueña de Pinotepa Nacional, dijo a Efe que la situación de «desconocimiento» y «falta de reconocimiento» hacia la población negra en el país ha contribuido a que los mismos funcionarios «actúen de manera discriminatoria».
«Nos solicitan los documentos de identidad porque la apariencia no dice que eres mexicano, a compañeros les han mandado a otras entidades porque no creían que fueran de ahí», denunció Reyes, presidente de la asociación África y coordinador de la Red por el reconocimiento constitucional del pueblo negro en México.
Es el momento, a su juicio, «de saldar la deuda histórica» con los afrodescendientes mexicanos mediante el reconocimiento constitucional del pueblo negro, la difusión de su existencia empezando por la inclusión de su historia en los libros de texto y la realización de un registro estadístico de sus miembros.
Se lamentó de que los afromexicanos desconocen su historia, no saben a ciencia cierta sus orígenes, cuáles fueron sus aportes culturales o de qué forma influyeron en la creación del actual México, porque «la historia oficial les negó».
«Han aumentado sus mitos porque no tienen otra forma de saber su origen, de saber cómo llegaron a estas tierras (…), solo lo saben los académicos, pero forman una isla entre ellos y sus investigaciones no llegan en estos pueblos», afirmó.
Durante el foro se presentó el libro «Afrodescendientes en México», una publicación que, según una de sus autoras, la investigadora Gabriela Iturralde, pretende precisamente dar a conocer a una población caracterizada por una «enorme diversidad», pues no es lo mismo hablar de los afrodescendientes de Oaxaca, Guerrero o Veracruz.
«A cada una de estas poblaciones hay que atenderlas teniendo en cuenta sus particularidades, considerando que comparten todas una historia de exclusión y situaciones muy desfavorables con respeto a los promedios nacionales en términos de educación o acceso al trabajo», declaró a Efe.
La otra autora de la publicación, María Elisa Velázquez, señaló que no se pueden acotar las aportaciones de este grupo poblacional a la cultura, la historia o la identidad mexicana, pues más que eso han formado parte de la construcción de esa sociedad, con su trabajo, su cultura o sus actividades políticas.
«Se dedicaron a la minería, a los cañaverales, fueron líderes de la independencia, estuvieron en casi todos los sectores sociales, por eso no se puede hablar de una aportación específica», afirmó la escritora, quien reclamó que el reconocimiento comience por una mejora de sus condiciones de vida.
«El primer paso es un reconocimiento explícito del Estado, políticas públicas de educación, economía, cultura, que aparezcan en los libros de textos, en los museos, que sean visibles, y, en definitiva, que estén en la historia del país», afirmó.

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