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Mantras mexicanos

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19 de agosto, 2012

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Mantras mexicanos

David Torres

Desde que hace unos años perdí misteriosamente en Los Ángeles el libro Morralla del caló mexicano, de Jesús Flores y Escalante –el cual consultaba con frecuencia para realizar mi tarea de edición y mostrar con pruebas fehacientes a ciertos correctores necios que lo que decía un entrevistado era, en su muy particular uso de nuestra lengua, correcto–, no había vuelto a tener en mis manos otro texto que abordase, en parte, la riquísima veta del habla popular de México.  El título del que ahora haré referencia es, sonoramente, ¡Me vale madres! Mantras mexicanos para la liberación del espíritu, firmado por Prem Dayal, obra que tiende más al ámbito de la meditación (que no es de mi interés) que de la lingüística (que me importa mucho).

Confieso que cuando adquiero un libro, normalmente lo hago porque me interesa el autor y su más reciente producción, o gracias a la recomendación de algún colega-lector, por cierto cada vez menos en estos tecnológicos tiempos; y, en ese sentido, la portada no es prioridad. Pero en este caso, ver a un Buda sonriente con un sombrero de charro y encima de este el título enorme de “¡Me vale madres!” francamente me atrajo de inmediato; sin que, por supuesto, me escandalizase una posible irreverencia hacia el budismo zen, que no practico, pluguiera a los dioses. Hasta me reí, quizá no solo porque la expresión me ancla definitivamente a mi entorno cultural, sino porque en el fondo encierra un mensaje liberador, como seguramente cada pueblo tiene lo suyo en su propia jerga lingüística.

Dayal, quien según su minibiografía en la primera solapa del libro es italiano, autor teatral, actor, director, asistente del  Premio Nobel Darío Fo, además de maestro de meditación y terapeuta, refleja en su libro que se ha acostumbrado tanto al habla popular de la Ciudad de México, que ha llegado a conclusiones que casan perfectamente con lo que él mismo identifica como “mantras mexicanos”. Al menos, tal vez para disfrutarlo, él los ve con más objetividad siendo extranjero.

Son básicamente tres, según las conclusiones a las que, mitad en serio, mitad en broma, ha llegado el también fundador del Osho Meditation Center:  “¡me vale madres!” (el mantra del desapego, en realidad “no me importa”); “¡a la chingada!” (el mantra purificador, lo más cercano sería “¡al diablo!”) y “no es mi pedo” (el mantra de la desidentificación, o “no es mi problema”).

Muchos interpretarían esto como una ocurrencia jocosa o una representación de la estereotipada “irresponsabilidad” de algunos sectores sociales mexicanos. Puede ser. Pero, en el fondo, casi sin pensarlo ni decirlo con frecuencia, cuando las cosas no tienen remedio y su solución está fuera de nuestras manos aunque hagamos hasta lo imposible por resolverlas, llegamos al límite donde todo objetivo se frustra y entonces el urgente desapego de esa situación se traduce en un “me vale madres” (no me importa), y uno descansa, se libera de todas las presiones. No se puede contra lo que no se puede, dicen por ahí.

De tal modo que los otros dos mantras se clasificarían como consecuencia lógica del primero, aunque podrían interactuar. Decir “a la chingada” es como alejar o expulsar de uno mismo o de su entorno toda negatividad. Dice Dayal, tal como lo ha aprendido de los mexicanos: “¡A la chingada! es el Mantra de la Purificación, que puede ser usado todas las veces  que sientes que una presión interior tiene que ser liberada”. De hecho, agrega, ¡a la chingada! es el Mantra de la Catarsis, que en griego significa, precisamente, purificación. Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, abordó el término explicándolo de una manera tan magistral que lo dejó anclado literaria y definitivamente a la cultura mexicana.

“No es mi pedo” (no es mi problema) se enfoca más en la individualidad, en el yo versus los otros que me acosan, como los perros que le ladran a un elefante a su paso, ladridos ante los que el paquidermo ni se inmuta. “La clave última de acceso al nirvana”, asegura. Vaya, pues.

Hace unos meses, y sin haber leído aún este libro, cuando “el jardín de los senderos que se bifurcan” se convirtió en “el infierno de todos tan temido” en el ámbito laboral que me rodeaba, sin nada que lo mejorase después de haber entregado más de una década de trabajo serio y profesional, viendo cómo todo iba en camino contrario a mis convicciones, decidí que, en efecto y muy a mi pesar porque en realidad amaba a esa empresa, me tendrían que “valer madres” las decisiones erróneas de quien estaba hasta arriba en la jerarquía ejecutiva; que “no era mi pedo” su  irresponsabilidad empresarial (ni era mi empresa, claro) y que en definitiva tendría que mandar todo “a la chingada” inmediatamente por mi propio bien, a fin de emprender un nuevo camino.

Y al hacerlo así sentí, créanme, un alivio total. Liberador.

Claro que el clásico Picardía mexicana, del gran cronista que fue Armando Jiménez –fallecido en julio de 2010–, permanecerá en la lista de los títulos más destacados sobre la “antropología lingüística” popular mexicana, lo mismo que libros memorables de escritores como José Agustín (La tumba, De perfil, Inventando que sueño), o Armando Ramírez (Chin Chin el teporocho, Quinceañera, Me llaman la Chata Aguayo) o incluso el chileno Roberto Bolaño (Los detectives salvajes), con cada uno de los cuales se redescubre no solamente la esencia urbana del D.F. y su habla, sino las ganas de reír y de disfrutar de veras de una buena lectura. Pero con ¡Me vale madres!, además de divertirse, el lector aprende, más que a utilizar, a reflexionar en torno de tres expresiones populares que ha escuchado seguramente toda su vida y que, sin darse cuenta, le han ayudado indirectamente a paliar las crisis permanentes de una ciudad y un país que es en sí mismo un mantra geográfico en este mundo tan desigual.

“El que no se expresa No Es”, dice el filósofo Eduardo Nicol en su obra Metafísica de la expresión. Si es así, el habla popular mexicana Es por sí sola a través de dichos mantras… y sin necesidad de un ommmmm de por medio, ni posiciones en flor de loto. Bueno, en todo caso, en flor de calabaza.

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Dayal, Prem.
¡Me vale madres! Mantras mexicanos para la liberación del espíritu
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México, Random House Mondadori, 2012.
312 pp. 

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