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Un sueño cada vez más lejos

Rubén Moreno

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17 de julio, 2012

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Un sueño cada vez más lejos

Pocas personas en el mundo nos han hecho reír y llorar al mismo tiempo como Walt Disney. Su concepto de la fantasía y de la magia traspasó todas las fronteras imaginables.

Dudo mucho que vuelva a ver otro visionario como él que sintetice en una idea lo bonito que es dejar los problemas cotidianos y escaparse de la realidad para embarcarse en aventuras de personajes que ojalá existieran de verdad.

Creo que aprenderíamos mucho de ellos y, al mismo tiempo, nos darían a la humanidad una lección para ser, simplemente, un poco mejores.

No solo fue capaz de entretener a una generación tras otra con un simple ratón, sino que supo crear un lugar donde niños y mayores pudieran disfrutar juntos.

Por lo menos, esa fue la idea hasta que murió.

¨To all who come to this happy place, welcome¨ fueron las palabras que pronunció cuando hace ahora 57 años inauguró Disneyland. Desde entonces, el parque no ha dejado de renovarse y expandirse, cumpliéndose aquella otra frase en la que aseguró que ¨Disneyland nunca estará completado mientras quede imaginación en el mundo¨.

Pero lejos de aquella visión, cada vez son menos las familias que pueden ser parte de sus sueños, de su magia, de dejar el pasado para adentrarse en la tierra del mañana, de saludar a un ratón que, por más que pasen los años, se sigue viendo igual de joven.

Poco a poco, el sueño de Disney se fue convirtiendo en un imperio del que dudo que él mismo hubiera pronosticado que llegaría tan lejos. El lugar más feliz de la tierra, ese donde dicen que todos los sueños se hacen realidad, está cada vez menos al alcance de muchos padres que quisieran ver disfrutar a sus hijos.

Los exorbitantes precios que hay que pagar para cruzar ese umbral de fantasía hacen que la mayoría de personas que se pasan todo el año trabajando para sacar adelante a sus hijos no puedan darle el lujo de la magia.

Hace años, cuando los precios eran mucho menores de lo que hoy cuelgan en los carteles, una madre soltera me dijo que daría lo que fuera para llevar a su hija a ese mundo de príncipes y princesas, pero su salario mínimo no se lo permitía.

Ni siquiera con lo que ganaba en un día podía permitirse una visita al parque.

Cada vez que voy me acuerdo de esas personas que, como aquella madre, no han tenido la oportunidad de soñar despiertos, de sentirse niños aún cuando son grandes, de escaparse por un día y olvidarse de que el mundo está ahí fuera, dando vueltas.

Disneyland ha venido a recrear de algún modo aquella utopía de ´qué bonito son los sueños mientras sueños son´. Encarna a la perfección el ideal del sueño americano, de vivir en un mundo sin problemas donde todo se hace realidad, pero a su vez son pocos los que logran llegar al puerto y subirse al barco.

Walt Disney creyó en la magia consciente de que es la gente quien hace realidad los sueños. Pero esos sueños están cada vez más lejos de quienes, precisamente, más necesitan una sonrisa y volver a creer en la magia.

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