El valor de las corazonadas

 

Manuel Sañudo.

“El corazón tiene sus razones que la razón no conoce”

Pascal

 En el contexto actual de los negocios estamos rebasados por  la racionalidad, la sistematización y la tecnología. De tal forma que se ha perdido, casi del todo, a lo que antaño le confiaban más valor: seguir las corazonadas, o el “feeling” para las decisiones. Para mí que aún tienen validez y se les puede sacar más provecho del que los tecnócratas desean conferirle.

 Según interesantes estudios científicos ha sido demostrado que, después del cerebro, el órgano humano que le sigue en inteligencia, es justamente el corazón (“punto donde residen sentimientos, deseos y pasiones”). Sucede que la inteligencia de este músculo no tiene bases racionales que le dispensen credibilidad. Y no las tiene porque su conexión con el cerebro es con el hemisferio derecho de éste, al que se le atribuyen las emociones pero no las razones.

Sin embargo ha quedado manifestado – por el Dr. Daniel Goleman – que la inteligencia emocional tiene igual o mayor importancia que la tradicional inteligencia racional, sobre la cual han girado – durante decenas de años – las evaluaciones, los méritos, la confianza, la fama, etc. Pero, como el propio Dr. Goleman nos dice en su primer libro, a manera de dramático ejemplo de su descubrimiento: que “el tristemente célebre ‘Unabomber’ (psicópata que enviaba cartas-bomba a sus víctimas) se graduó  de Harvard con honores académicos”.

Cuentan que en una entrevista que se le hizo a Akio Morita – fundador y presidente de la Sony Corporation – le preguntaron que  cómo hacía para tomar las decisiones culminantes que le habían llevado a esos niveles de éxito en los negocios. A lo que el empresario nipón contestó: “Cuando tengo que tomar una gran decisión me pongo la mano en el corazón y me pegunto sí o no… y él me da su respuesta”. Parece fantasioso pero no lo es, al menos para este industrial japonés.

No sugiero que los negocios se manejen en base exclusiva de las corazonadas. Si no que le demos el valor que éstas tienen y que no nos avergüence admitirlo. Pues, ¿quién de nosotros, al menos una vez en la vida, no ha dicho la frase de “me late que…”?

Cuesta trabajo creerlo, pero es precisamente el corazón el que está mandando su señal, su “opinión”, su sentir; y no nos podemos explicar porqué nos inclinamos por tal o cual decisión, y es porque esencialmente no tiene sustento racional. De este desconcertante talento del corazón opino que:

–       Debemos aprender a seguir las corazonadas que se nos presenten y comprobarlas racionalmente, si así lo creemos favorable. Y aceptar que por algo se exteriorizan esas señales.

–       No todas las personas tienen, ni un corazón, ni un cerebro del todo inteligentes. Y el saber distinguir la diferencia  – en carne propia y ajena – tiene para el dirigente un alto grado de importancia a la hora de escuchar opiniones y asignar responsabilidades.

–      Hay que retener el impulso del corazón, pero no descartarlo ya que tiene una valía que hay que cultivar. Invito a que repasemos la definición de la palabra corazonada: “Es el impulso espontáneo con que uno se mueve a ejecutar alguna cosa arriesgada y difícil”. E igual de arriesgadas y difíciles son las decisiones de negocios para el cerebro… ¿o no?

–       Comentar las corazonadas que se nos presenten con los socios o colaboradores… y filtrar la retroalimentación recibida.

–       Establecer un balance entre las dos fuentes de inteligencia. No dejar todo al corazón, ni  todo a la razón.

–       Probar en pequeña escala, y así experimentar la viabilidad de las disposiciones que emanen de este órgano muscular. Y esto nos irá dando pautas para concederle grados de confianza al corazón.

 **El autor es Consultor en Dirección de Empresas. Su correo es: manuelsanudog@hotmail.com

 

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DR. © Derechos reservados. Se prohíbe  la reproducción sin el permiso del autor.

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