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Soldaderas de ayer, luchadoras de siempre en el Teatro Frida Kahlo

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04 de junio, 2012

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Soldaderas de ayer, luchadoras de siempre en el Teatro Frida Kahlo

La obra "Soldaderas" presenta la historia de cuatro mujeres muy diferentes que participaron en la Revolución Mexicana y sobrevivieron.

María Eugenia Sáez

“Las mujeres tenemos que ser luchadoras”, “no, guerreras mejor” es lo que les oigo decir a mi hija y a su amiga y no me quiero entrometer; mejor que hablarles es que vean y escuchen en un escenario a las guerreras de verdad, recordar sus luchas y discutir sus estrategias para sobrevivir, tan diversas.

Soldaderas” es una obra teatral sobre cuatro mujeres muy diferentes que participaron en la Revolución Mexicana y sobrevivieron; pero en la paz tuvieron que seguir luchando para que el Gobierno las reconociera y les otorgara una pensión, un terrenito donde guaracerse con sus hijos, una casita para la vejez, para que la vida no se les fuera por el sumidero, con el mugrero de la rutina, como canta Amparo Ochoa. Lo lograron pocas; a la mayoría se las llevó “la bola” y cayeron en el anonimato. Esta es la historia de cuatro luchadoras resucitada por el dramaturgo y director Rubén Amavizca Morúa, en el teatro Frida Kahlo de Los Ángeles.

Nos es fácil reconocer la foto de la Adelita de los ojos desorbitados agarrándose del tren para no caerse; es el símbolo de todas ellas. Pero hubo muchas otras: María Zavala “la Destroyer”,  la que les daba el tiro de gracia a los soldados heridos; “la Valentina, “la Yaqui”, villistas, zapatistas, huertistas, carrancistas. Son los rostros, impávidos unos alarmados otros, aun sonrientes, desafiantes, que captó el  lente de Agustín Víctor Casasola, hace un siglo. Empezaron esos rostros a adquirir un nombre cuando la mexicana Elena Poniatowska escribió sobre ellas. Las soldaderas nos hablan ahora en la obra teatral de Amavizca, autor de Frida y The Women of Juarez, obras representadas en Bélgica, Latvia, España, Puerto Rico, México y Estados Unidos.

Con las entonaciones de Tecamachalco Underground para preparar a los espectadores, surge en la primera escena una danzante azteca que inciensa a las diosas guerreras, la Coatlícue y Coyolxauqui, degolladas o flechadas por los dioses, desnudas, las víctimas divinas de la creación náhuatl y de la destrucción. La voz de Amavizca las invoca en la oscuridad del teatro. Las diosas perdieron cuando se separaron, fueron sacrificadas cuando la hija se enfrentó a la madre Coatlícue y ésta parió a un dios-hombre, Quetzalcoatl.

En el escenario se enfrentan dos mujeres jóvenes y dos de mayor edad; las dos mayores llevan pantalones “porque así nos respetan más”, aunque una de ellas los esconda bajo las faldas; las dos jóvenes llevan faldas, la una es moderna y profesional, la otra es tradicional y folklórica; todas están solas enfrentándose a la vida; sólo una de ellas ha logrado conservar un par de hijos, tras tantos abortos, y un “marido” tras tantos machos. Todas fueron soldaderas y hoy se reúnen, La Destroyer y Florcita y Domitila, en casa de la maestra Lupita.  Ella las ha congregado, a ver si juntas logran presentarle al Gobierno una petición de ayuda, pero no les es fácil ponerse de acuerdo. Se les amontonan los recuerdos (“a mí no me dejaron ir a la escuela; “y a mí tampoco, no sé leer”; “yo sé plantar unas yerbitas que no fallan con los hombres”; “yo sé dispararle a un hombre y no fallo el tiro”; “yo crié cuatro hijos ajenos”; “yo sí tuve un hombre bueno, el tercer José”; “a mí sí me gusta, ¿para qué Diosito nos dio ‘gozo en el pozo’?” );  se les confunden las palabras, se les acaba el vocabulario y la paciencia; sale un arma a relucir y un secreto de la única que aún no había confesado nada.

El encuentro es decisivo para las cuatro ex soldaderas, que juntas descubrirán sus diferentes estrategias para sobrevivir, sea con el sexo o la comida o la pistola o las “yerbitas”, y su común necesidad de unirse y aprender unas de otras. “Es una historia de fuerzas distintas que se unen en una casa y me hace sentir que puedo enfrentar todos mis retos”, dice mi hija. Aprender a disfrutar la vida es un modo de luchar.

Más información

Soldaderas, escrita y dirigida por Rubén Amavizca Murúa; del 18 de mayo al 17 de junio en el teatro Frida Kahlo de Los Angeles, 2332 W. 4th Street, Los Angeles. tel. (213) 382-8133; http://fridakahlotheater.org

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