Elecciones en México: limón o limonada

Se estima que más de un millón de personas acudieron al Zócalo de la Ciudad de México para apoyar a López Obrador.

Ante las imágenes que surgieron un día después del cierre de campañas de los cuatro aspirantes a la presidencia de México, una conclusión difícil de objetar es que la contienda ha quedado definida entre Andrés Manuel López Obrador y Enrique Pena Nieto. PRD vs PRI; izquierda vs derecha; pobres contra ricos; es decir, un país cada vez mas polarizado.

Por José Luis Sierra

México, DF.- Una foto dice más que mil palabras, pero más de un millón de personas concentradas este miércoles en el Zócalo de la ciudad de México para prometer su voto al candidato de la  coalición de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, podrían decir en un futuro cercano más que un millón de fotos.

Lo mismo podrían decir los cientos de miles (hasta el momento el PRI no ha revelado cifras) de seguidores de Enrique Peña Nieto que cerraron campaña junto con su candidato en la ciudad de Toluca, estado de México. Poco menos podrán decir los seguidores de Josefina Vázquez Mota, quien se refugió en el bastión conservador de la ciudad de Guadalajara y junto con unos cuarenta mil seguidores reunidos en el estadio Onmilife, anunció resignada nombramientos que difícilmente sucederán (como el del próximamente ex presidente Felipe Calderón a quien nominó para ser su procurador de Justicia).

Gabriel Quadri, candidato de la familia Gordillo, no tuvo fotos. Por lo menos, no publicadas en diarios nacionales. Reportes periodísticos de las ciudades de Zacatecas y Aguascalientes, donde cerró su campaña, informaron que sus seguidores no llegaron a los mil, lo cual no sorprende a nadie ya que si algún rol jugó el representante del Partido Nueva Alianza fue el de ser el “hazmerreir,” de los medios informativos mexicanos, especialmente de los caricaturistas que en situaciones de “bloqueo mental”, recurrían a él para que con su gran intelecto los iluminara.

Pero a menos de que Vázquez Mota invoque al “cuchi-cuchi” de aquí al domingo sin respirar -y sobreviva-, la contienda cerró entre dos archíadversarios. Uno con toda la fuerza que le otorga el establishment político y económico mexicano; y el otro con toda la fuerza que le pueden dar más de 50 millones de pobres, que aunque no todos votan –por cuestiones de edad, escepticismo, coerción, o intercambio de alguna baratija por su sufragio- difícilmente quedarán satisfechos si su candidato pierde.

LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA

Aunque todos los candidatos se han comprometido a respetar el resultado; López Obrador y Peña Nieto se aseguraron este miércoles de apuntar a sus seguidores que los números de las últimas encuestas los favorecen. Peña Nieto insiste en mantener aun la delantera de casi 15 puntos. Obrador dijo, por su parte, que una encuestadora “independiente”, encontró que ya había sobrepasado al favorito, pero no dijo por cuánto.

“Ahora tenemos que cuidar el voto”, declaró el perredista ante una multitud que atiborró el Zócalo. Tomando en cuenta que la gente congestionó las principales calles aledañas a la plaza sus organizadores aseguran que en el evento participaron más de un millón de afiliados. Otros medios extranjeros calcularon que la cifra podría haber llegado a 1.5 millones.

Por su parte, Peña Nieto aseguró a sus seguidores en Toluca que mantenía la ventaja, pero previno que no deben bajar la guardia. También hizo un llamado a los demás partidos para que acepten los resultados.

“Espero que los partidos no vayan a incurrir en denostaciones ni descalificaciones a este proceso”, declaró Pena Nieto la mañana del último día de campaña en la ciudad de Monterrey.

Pero pese a la actitud de civilidad que hasta ahora han logrado mantener los cuatro candidatos, sus seguidores no han seguido el mismo ejemplo. Reportes de las últimas semanas señalan varios ataques, principalmente de parte de grupos priistas, contra grupos que se han presentado a protestar en contra de Peña Nieto, especialmente los que se identifican con el movimiento #yosoy132.

Por otro lado, tanto panistas como perredistas, han presentado numerosas quejas ante el tribunal federal electoral, aduciendo viejas prácticas del PRI como la compra de votos, el rellenado previo de urnas, y presiones sutiles hacia los empleados del gobierno y el magisterio.

Esta misma semana resaltaron en las primeras planas de varios diarios nacionales notas con información del plan maestro de elecciones del PRI, bautizado bajo el nombre clave de Ágora. El plan detalla actividades entre las que resaltan el establecimiento de cuotas de acarreos de electores para que voten a favor de Peña Nieto, así como todo un plan de movilización y comunicación de resultados el día de las elecciones.

MOMENTO DE VEDA ELECTORAL

Mientras tanto, a partir del miércoles desde la medianoche, hasta el domingo que se abran las casillas electorales, queda prohibida toda actividad proselitista a favor de cualquiera de los candidatos y de igual manera se suspendió la transmisión de spots de radio y televisión, insertos en periódicos o reparto de propaganda política.

A los candidatos, por su parte, no les queda más que retirarse a sus casas a esperar el momento en que saldrán a emitir su voto y de nuevo regresar a esperar los resultados.

Funcionarios del Instituto Federal Electoral (IFE), han repetido hasta el cansancio que el país vivirá una de las elecciones más limpias de la historia, aunque la duda sigue vigente entre los electores, principalmente entre los seguidores de López Obrador que no olvidan los comicios del 2006, cuando bajo manipulaciones en el conteo de sufragios el actual presidente Felipe Calderón consiguió la victoria con uno de los mas pequeños márgenes de la historia; es decir 0.62%.

En pocas palabras, analistas políticos y electores comunes están conscientes de que la única manera en que podría librarse al país de una posible parálisis temporal con serias probabilidades de caer, al menos durante un corto tiempo, en situaciones de desobediencia civil, será que el ganador de esta contienda logre un triunfo convincente y con un margen creíble.

De no ser así, el “verdadero cambio”, prometido por casi todos los candidatos fácilmente podría derivar en una verdadera pesadilla.

 

 

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