Fuentes se tornó tradicional, dice experto en su obra

El profesor Agustín Prado, de la Universidad Mayor de San Marcos, Perú, es uno de los múltiples estudiosos de la obra de Carlos Fuentes. Foto: EFE

Lima (EFE).- El mexicano Carlos Fuentes, fallecido el martes a los 83 años, fue audaz en su inicio como novelista, se atrevió a confabular la historia en su obra Terra Nostra, y al final optó por una escritura más tradicional, sin dejar de ser un autor universal desde sus raíces mexicanas, afirmó un investigador peruano en homenaje póstumo en Lima.

El literato e investigador peruano Agustín Prado Alvarado, experto en la obra de Fuentes, definió al escritor de esta forma, antes de una conferencia en el homenaje póstumo al autor mexicano en la Casa de la Literatura Peruana, con motivo de los 50 años de la publicación de La muerte de Artemio Cruz y Aura (1962).

El acto fue programado antes de que se conociera el fallecimiento de Fuentes y se guardó un minuto de silencio en su honor con la presencia del embajador de México en Perú, Manuel Rodríguez Arriaga.

Según Prado, la obra de Carlos Fuentes se puede dividir en tres etapas marcadas por la experimentación de su narrativa en los años 50, la mezcla de la narrativa histórica con la fantasía durante los años 60 y el uso de técnicas narrativas más tradicionales en los últimos años entre los 80 y los 90.

El literato peruano aseguró que Fuentes es uno de los cuatro autores del boom de la novela hispanoamericana junto al peruano Mario Vargas Llosa, el colombiano Gabriel García Márquez y el argentino Julio Cortázar.

Como exponentes de su audacia narrativa se encuentran Aura y también La muerte de Artemio Cruz, que para Prado es la primera novela latinoamericana en alcanzar ese nivel de complejidad al adelantarse un año a la publicación de La ciudad y los perros y Rayuela.

Esta obra contrasta con la novela lineal, «al romper los tiempos y fijar diferentes puntos de vista para captar la atención del lector y que sea este quien reordene la secuencialidad», anotó.

«No podía utilizar el formato tradicional para reflejar el mosaico de la sociedad mexicana posrevolucionaria en ebullición de los años 50. Necesitaba otras herramientas para contar ese mundo heterogéneo», comentó.

En su opinión, la mayor audacia de Fuentes fue incluir la narración en segunda persona como «un narrador desdoblado, a modo de conciencia», y hasta incluyó el tiempo futuro en Aura.

Prado calificó a Aura como una «novela breve y compacta» comparable a Los cachorros (1967), de Vargas Llosa, El coronel no tiene quien le escriba (1961), de García Márquez, y El perseguidor (1959), de Cortázar, porque «aunque sea lineal hay un trabajo de cincel con el lenguaje».

El investigador señaló que Fuentes puede mantenerse vivo si la gente sigue leyéndolo, puesto que a su juicio este sería «el mejor tributo que se le puede rendir ahora».

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