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Dolores Huerta: la importancia de ser organizadora social

María Luisa Arredondo

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24 de mayo, 2012

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Dolores Huerta: la importancia de ser organizadora social

Dolores Huerta recibirá la Medalla de la Libertad, el más alto honor que puede recibir un civil en Estados Unidos.

A Dolores Huerta resulta difícil seguirle el paso. Habla a mil por hora y tiene una energía que le envidian incluso las adolescentes. En un solo día puede asistir a varios eventos como invitada o conferencista, dar entrevistas, atender asuntos familiares y de su fundación y todavía darse tiempo para ir a misa, sin perder nunca la sonrisa ni el ánimo.

¿De dónde saca fuerzas esta lideresa que acaba de cumplir 82 años, que es madre de 11 hijos y que por seis décadas ha sido una luchadora incansable a favor de los campesinos y de las mujeres?

“La lucha es la que me da la energía”, dice sin titubear. “Cuando sabemos que tenemos mucho que hacer en este mundo, y poco tiempo para hacerlo, de ahí saca uno las ganas”, agrega Dolores, a quien el presidente Barack Obama le otorgará el 29 de mayo la Medalla de la Libertad, el más alto honor que concede el gobierno de Estados Unidos a un civil por sus contribuciones al país.

“Me siento muy honrada, muy humilde [de recibir esta medalla], porque sé que son miles las personas que trabajan para la justicia. Para mí este es un reconocimiento de lo importante que es  ser organizadora para influir en los demás y darles fuerza. Cuando la gente está organizada tiene voz, tiene representación y puede hacer los cambios que se necesitan”, dice a Latinocalifornia.com en una entrevista telefónica.

Justamente por la importancia que tiene para ella el que la gente se organice fue que decidió crear la Fundación Dolores Huerta, cuyo objetivo principal es recaudar fondos para entrenar a personas de bajos ingresos a que se unan para obtener los servicios que requieren sus comunidades, desde mejoras en sus escuelas hasta más policías.

Son ya más de 65 años los que Dolores ha dedicado al activismo social, una vocación que le viene de familia pues su padre, Juan Fernández fue minero, campesino, sindicalista y finalmente asambleísta estatal. Su madre, Alicia Chávez, era muy conocida por sus obras para ayudar a los menos afortunados y por su interés en los asuntos comunitarios.

Dolores, quien nació  el 10 de abril de 1930 en el pequeño pueblo minero de Dawson en Nuevo México, empezó como activista social desde que era estudiante de preparatoria. Pero no fue hasta que obtuvo su credencial provisional de maestra de escuela primaria cuando decidió convertirse en organizadora profesional.

“No podía soportar que los niños llegaran a clases con hambre y sin zapatos. Pensé que podía hacer más si me dedicaba a organizar a los trabajadores del campo que a enseñar a niños hambrientos”, recuerda y la voz se le quiebra aún por la emoción.

Fue así como empezó una tarea que la ha convertido en una leyenda viviente. En 1955, junto con el activista Frank Ross inició el Capítulo Stockton de la Organización de Servicio Comunitario para ayudar a mejorar la situación económica de los latinos. Pero fue hasta 1960 cuando su vida dio un giro radical. Ese año conoció al máximo líder latino que ha dado Estados Unidos, César Chávez,  con quien  fundó una organización que haría historia: el Sindicato de Trabajadores del Campo (UFW).

Dos leyendas: Huerta y Chávez.

Desde sus inicios, el binomio Chávez-Huerta resultó único. Pese a que tuvieron diferencias en cuanto a las tácticas de lucha, ambos lograron que  el sindicato ganara batallas históricas para mejorar la  situación laboral de los  campesinos, entre ellas la famosa huelga de las uvas de Delano, en la que organizaron a cinco mil trabajadores del campo.

“Logramos muchos cambios a las leyes para proteger a los campesinos. A nivel nacional, por ejemplo, conseguimos que tuvieran derecho a tener agua y excusados en el lugar de trabajo y a que les pagaran el sueldo mínimo, sin importar si tenían documentos o no. También logramos que pudieran reportar condiciones peligrosas en el trabajo, que se pudieran organizar en un sindicato y que les pagaran el transporte o les dieran vivienda si tenían que viajar más de 150 millas. En California, también conseguimos el seguro de desempleo para todos, aunque no tuvieran residencia”, enumera Huerta.

“Pero nuestra victoria más grande”, agrega, “fue en 1986 cuando se pudieron legalizar 1.4 millones de trabajadores del campo por la ley de amnistía”.

Como defensora de los derechos de los campesinos, Dolores ha sido arrestada 22 veces por participar en manifestaciones no violentas. La más conocida ocurrió en San Francisco, en septiembre de 1988, cuando fue severamente golpeada por un grupo de policías mientras protestaba contra el entonces candidato George W. Bush. La golpiza, que fue videograbada, le causó graves lesiones que obligaron a que le removieran el bazo. Dolores demandó a la ciudad y a la policía y ganó el caso. La mayor parte de la compensación que obtuvo se utilizó para la causa de los campesinos.

Huerta  reconoce que, a pesar de los avances, la situación actual dista mucho de ser la ideal, no sólo para los campesinos, a los que se sigue explotando y a quienes se impide muchas veces que se organicen, sino para todos los inmigrantes. “Todo el mundo está sufriendo por la campaña de odio que se ha lanzado contra los latinos de Estados Unidos. Tenemos que pasar otra ley de legalizacion como la de 1986”, asegura.

Las posibilidades de que se apruebe una reforma migratoria, a juicio de Dolores, dependerán en gran medida de los latinos. “El presidente ha prometido la reforma, pero no ha podido porque el Congreso no ha estado de su parte. Tenemos que tener paciencia y trabajar muy duro para elegir a legisladores que nos ayuden a pasar esta ley. Muchos dicen que nosotros los latinos somos los que vamos a determinar la elección, pero eso solamente será si hacemos el trabajo de participar, de hacernos ciudadanos y votar para que los políticos vean nuestro poder”.

Dolores admite, por otra parte, que mientras se aprueba una reforma migratoria, la administración Obama debe cambiar la política de deportar a personas sin antecedentes penales. “Ya prometieron que no van a deportar a estudiantes o padres de familia trabajadores, solo a los que han cometido crímenes, pero se tiene que vigilar que esta política se aplique de verdad”.

Aunque como latina Dolores ha sufrido tanto del racismo como del machismo, se siente afortunada de su condición femenina.

“El hecho de ser mujer me ha ayudado porque nosotras tenemos más aguante que los hombres, dice en medio de risas. Ya en tono más serio agrega que cuando en un principio empezó a trabajar como organizadora, los hombres la veían con cierto recelo. “Pero cuando se daban cuenta de que lo único que yo quería era ayudarlos y trabajar por  su causa, me ganaba su confianza y me aceptaban”.

VIDA PERSONAL

Uno de los aspectos de la vida de Dolores que más sorprende es cómo logró combinar su tarea de activista con el papel de madre de 11 hijos, producto de tres uniones. Cuando estaba en la Universidad se casó con Ralph Head, de quien se divorció  y tuvo dos hijas. Se casó después con Ventura Huerta, con el que procreó cinco hijas. Este matrimonio también se disolvió y Dolores se unió entonces a Richard Chávez, hermano de César. Aunque nunca se casaron tuvieron cuatro hijos.  Richard murió en 2011.

Dolores afirma que, si bien fue difícil compaginar su papel de madre con el de luchadora social, logró hacerlo gracias a los  familiares y amigos que han estado a su lado. “Yo siempre pedía ayuda a todo el mundo. Mi madre  me ayudó muchísimo, hasta que murió, también mis tías, diferentes personas de mi familia y amistades que estaban conmigo. Y  yo trataba de llevarme a mis hijos a las juntas siempre que podía. Los subía en el carro y, ¡vámonos!”, dice riendo.

De lo único que ahora se arrepiente, confiesa, es de no haber pedido más.

La participación de la mujer en la vida cívica y política es esencial, dice Dolores Huerta.

“Como a muchas mujeres a  a veces me daba pena pedir más. Si  tuviera que hacer todo de nuevo hubiera pedido más para mis hijos porque ellos sufrieron bastante, teníamos muchas privaciones en ese tiempo, no había dinero.  Las mujeres tenemos que exigir más para estar en la vida cívica, que nos ayuden a poner más guarderías de niños, tenemos mucha inteligencia y podemos contribuir, pero a veces no tenemos  quien nos ayude con  los hijos”, indica.

Si de algo está convencida Dolores es de que las mujeres deben jugar un papel fundamental en la vida política y comunitaria  para que la sociedad avance.

“No va a haber paz en este mundo si las mujeres no toman lo puestos donde se hacen las decisiones, ya sean del distrito escolar, del agua, de concejales, de  supervisoras o congresistas. Y si no podemos ganar los puestos,  entonces podemos organizarnos para ponerles presión a los que los tienen. Lo importante es que tenemos que tener el valor de tomar las decisiones que nos van a ayudar a nosotras mismas y a nuestras familias. Nuestra voz es muy importante”, concluye con la firmeza que siempre le ha caracterizado.

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