Adiós a Fuentes, un faro en un país desviado

Rubén Luengas.

Por Rubén Luengas

“Entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores tengo bastantes razones para seguir viviendo”, decía Carlos Fuentes en una entrevista publicada apenas ayer en el periódico El País, pero este martes una hemorragia masiva le puso punto final a las razones de un corazón que llevaba 83 años latiendo.

“Los días enmascarados” fue el título de su primer libro de cuentos publicado en 1954. Cincuenta y siete años después, Carlos Fuentes nos dice adiós y a los mexicanos nos deja entre estos días enmascarados nada transparentes de la lucha por el poder político. Hace poco tiempo, en entrevista con la periodista Carmen Aristegui, el autor de “La región más transparente” fue contundente al afirmar: “No puedo ni pensar que Peña Nieto pueda ser presidente”.

Hoy ya no respira el autor de “La muerte de Artemio Cruz”, quien decía que “la política debe ponerse a la altura de la sociedad y no a la inversa”. Ya no respira Fuentes el olor a muerte de estos días enmascarados de sangre y de violencia que recorren el país del creador de “Las buenas conciencias”, pero en el transcurso de estos días Fuentes nos indicó que la literatura es como un faro en un país desviado. Quizá una de las frases más oportunas de Fuentes para este tiempo trágico de la vida en México sea la de su concepto de libertad.  “No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad y de esa búsqueda es la que nos hace libres”.

Su literatura se queda con nosotros, pero al crítico y apasionado Carlos Fuentes se le va a extrañar en tiempos de monótona uniformidad del pensamiento dominante.

 

 

 

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