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Todos viajamos en el Titanic

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14 de abril, 2012

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Todos viajamos en el Titanic

Rubén Moreno

Dicen que una persona no muere mientras haya alguien que todavía siga hablando de ella. Mientras haya alguien que la recuerde.

Los pasajeros que viajaban hace un siglo en el Titanic están hoy vivos en las memorias de muchas personas. Los que sobrevivieron, y los que murieron ahogados o por hipotermia.

La tragedia no es solo la historia del barco más lujoso y grande construido en la época. Es la historia de la arrogancia humana contra la madre naturaleza. Y es la historia de cientos de personas anónimas que quisieron emprender una vida mejor buscando su destino en América.

En aquel transatlántico se mezclaron algunas de las personas más ricas y pudientes con quienes a duras penas pudieron comprar un pasaje. Familias completas de emigrantes, con pocos recursos, que querían dejar atrás un pasado y comenzar una vida nueva.

La historia del Titanic es el reflejo de la humanidad en sí misma.

Es un retrato de las diferencias de clases, de cómo tener más dinero aumenta las probabilidades de salvar la vida, y de cómo quienes parecen ser escoria o un estorbo para los demás terminan siendo silenciados, sin darles una oportunidad de salir a flote.

Apenas un cuarto de los pasajeros inmigrantes y de bajos recursos que viajaban en tercera clase logró sobrevivir al hundimiento. En su mayoría, mujeres y niños.

Es la historia de quienes dieron sus vidas para que otros se salvaran, y de quienes aún sabiendo que se hundiría, continuaron echando carbón en las calderas para mantenerlo el mayor tiempo posible sobre el agua.

Hace un siglo que “el insumergible” lleva durmiendo en dos pedazos en el fondo del Atlántico Norte. El hombre comprobó que, por más que quiera, nunca seremos superiores a la madre naturaleza.

El Titanic nos habla hoy de calentamiento global, de pobreza, de abusos a los más oprimidos, de sueños que parecen estar ahí pero que cuesta alcanzar porque siempre hay algún iceberg por el camino.

Vivimos en un gran barco de lujo donde queremos tener todas las comodidades, estar a la última moda y tener todo tipo de tecnologías, pero nos olvidamos de que somos frágiles y de que, cuando una catástrofe azota, no hace distinciones entre ricos y pobres.

El mundo es un Titanic en el que la mayoría sigue buscando su sueño, pero sobre todo, lleno de pasajeros en el que muchos pasan hambre sin que los de la cubierta de arriba se acuerden de ellos.

Seguiremos viajando en el tiempo, y nos seguiremos topando con el hielo. Somos humanos, y si eso no lo entendemos, volveremos a hundirnos como entonces.

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