Familia hispana paga caro un error de la policía

El equipo del SWAT dañó sus muebles al buscar a un sospechoso en el lugar equivocado

Alfredo Valenzuela muestra una de las ventanas rotas por las que entraron las bolas de gas lanzadas por el equipo del SWAT (Fotos: Rubén Moreno / Latinocalifornia.com)

Por Rubén Moreno

Dos semanas y media después de que el Equipo de Tácticas Especiales (SWAT) del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) irrumpió en su casa del Este de Los Ángeles, los siete miembros de la familia Valenzuela han podido regresar a dormir al lugar que llevan rentando desde hace algo más de dos años.

Una noche en la casa de unos amigos, otras diez a la intemperie en el patio trasero de su casa y seis noches más de hotel fue lo que siguió a la madrugada del 18 de marzo pasado cuando efectivos del SWAT los sacaron de la cama alrededor de las 3:30 AM y comenzaron a lanzar bombas de gas lacrimógeno por las nueve ventanas que tiene la residencia.

De acuerdo con Anita Ortega, capitán del LAPD, las autoridades iban persiguiendo a un sospechoso de violencia doméstica al que vieron saltar hacia la propiedad de la familia Valenzuela. Sin embargo, logró escapar sin que fuera visto, por lo que el SWAT, creyendo que se encontraba aún dentro, pasó seis horas buscándolo infructuosamente en la vivienda que apenas tiene unos mil pies cuadrados.

Según Alfredo Valenzuela, el cabeza de familia, a los hombres los esposaron para que la mujer que había sido víctima del abuso pudiera verlos con el fin de reconocer si alguno de ellos era el sospechoso.

“Como no éramos ninguno de nosotros, nos llevaron a otra calle y allí nos quitaron las esposas”, dijo Valenzuela. “Ya para eso de las 9:30 AM, llegó un detective y nos dijo que podíamos regresar a la casa, pero que no era habitable porque el SWAT había lanzado bolas de gas para sacar al sospechoso”.

“Y luego me dijo ‘disculpe, pero no lo hemos encontrado´, y me dio su tarjeta”, agregó. “Luego supimos que el mismo sospechoso se había entregado voluntariamente a la policía a la mañana siguiente”.

El error del SWAT le ha costado a la familia de Alfredo Valenzuela perder los muebles, ropa y otros enseres de su casa que calcula rondan los 16 mil dólares.

“Estaba todo regado, la ropa tirada, los cajones sacados de su lugar, los muebles movidos, algunas paredes perforadas, la puerta de mi cuarto estaba rota…» recapituló Valenzuela. «Esas bolas que tiran, cuando explotan, el gas se queda impregnado por todas partes”.

Valenzuela ha decidido no demandar al LAPD porque no quiere “sacar ventaja de esto”.

“Solo quiero que me paguen por mis cosas y moverme a otro lugar”, indicó.

Pero aún así, Valenzuela tiene la duda de por qué, según narró a Latinocalifornia.com, la policía amenazó a su mujer con llamar al Servicio de Inmigración si no firmaba un documento con el que autorizar que los agentes entraran en su casa.

“Mi esposa no quería firmar ese documento”, dijo Valenzuela. “Cuando nos pidieron nuestra identificación, dimos la tarjeta consular, porque no tenemos otra. Y pues cuando te dicen eso de inmigración, enseguida firmas lo que sea”.

Alfredo Valenzuela posa junto a las pocas pertenencias que ha podido salvar.

Según establecen las leyes, la policía puede entrar a registrar una vivienda sin autorización del inquilino siempre y cuando cuenten con una orden de un juez que así lo permita. En el caso contrario, se necesita el consentimiento firmado de la persona.

En Los Ángeles, la Orden 40 prohíbe que los agentes de LAPD reporten al Servicio de Inmigración el estatus legal de personas indocumentadas, por lo que la familia Valenzuela teme que fueron presionados por la policía para autorizar el permiso de registro en su propiedad.

“La policía se siente con más poder de actuar de esta forma a raíz del caso de Susie Peña, dijo el abogado Luis Carrillo, especializado en derecho civil.

Alfredo Valenzuela, frente a la casa que fue afectada por la intervención errónea del SWAT.

Carrillo se refiere a la bebé que en 2005 perdió la vida en un intercambio de disparos entre la policía y su papá, quien la sostenía como escudo. El reporte del forense indicó que la bala que la mató fue disparada por la policía.

“El juez anuló el caso antes de que el jurado tomara una decisión, y aquello mandó un mensaje muy fuerte a la policía para creer que pueden hacer siempre lo que les da la gana”, agregó el abogado.

Por lo pronto, Alfredo Valenzuela está tratando de reunir todas las evidencias y facturas posibles para constatar el valor de sus muebles, a fin de que sean pagados por la Ciudad. De acuerdo con Ortega, los procedimientos policiales establecen que cualquier daño a una vivienda, como resultado de un operativo, puede ser reembolsable.

Lo que Alfredo Valenzuela no sabe es cuánto tiempo demorarán en pagarle por los muebles que ha perdido.

“Vamos a trabajar con las agencies necesarias para estar seguros de que el proceso no se demore”, comentó Rick Coca, portavoz del concejal José Huizar, quien representa el área.

Este caso ha puesto también de manifiesto que hasta para conseguir ayuda de manera inmediata está de por medio la burocracia.

De acuerdo con Mónica Díaz, portavoz de la Cruz Roja Americana en Los Ángeles, al no tratarse de un desastre natural, la ayuda brindada debe llegar primero de la Ciudad, donde se requiere mostrar justificantes de los daños para obtener el reembolso necesario.

Sin embargo, debido a que la asistencia se estaba demorando y la familia Valenzuela no se podía permitir pagar un hotel, la Cruz Roja pagó seis noches de hotel después de haber dormido diez noches en el patio de la casa, donde acomodaron algunos colchones y una lona que sirviera como techo para resguardarlos del frío y la lluvia caída durante esos días.

La Cruz Roja también facilitó a la familia algunas cobijas, botellas de agua, alimentos y vales para comprar comida.

De regreso en la casa que alquilan, donde el dueño ha repuesto las ventanas quebradas y comenzado a pintar las áreas manchadas por el gas, Alfredo Valenzuela ha tirado a la basura todo lo inservible. Su esperanza ahora es mudarse de lugar cuanto antes.

“Ya no queremos estar aquí”, indicó. “Uno se queda traumatizado, y todavía huele a chile y arden los ojos cuando estás en la casa. Qué tal si nos vuelva a pasar otra vez lo mismo”.

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