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Si te enamoras, te castigo

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28 de marzo, 2012

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Si te enamoras, te castigo

Rubén Moreno

A menudo me encuentro que el país que tanto se jacta de la Primera Enmienda, de la libertad de expresión y de ser un líder que promueve y defiende los derechos humanos y civiles es el primero que termina atentando contra esos principios.

Últimamente leo demasiadas cosas que rozan el absurdo, pero que encajan muy bien en esa imagen falsa que Estados Unidos quiere proyectar de sí mismo, sin entender muy bien a quién queremos engañar.

Me hacen pensar que hemos sacado tanto las cosas de contexto que empezamos a regar fuera del tiesto. Y cuando ya vemos el charco demasiado grande es cuando nos damos cuenta de cómo nos controla el gobierno.

La legisladora republicana de Modesto, California, Kristin Olsen, ha tenido la descabellada idea de proponer una iniciativa de ley para impedir que los maestros tengan relaciones románticas con sus estudiantes.

Y he aquí lo interesante: románticas, para distinguirlo de las sexuales.

Dicho de otra manera, quiere considerar como delito cuando un maestro mantiene un noviazgo con su estudiante, o tienen una relación afectiva más allá del papel que a cada quien le corresponde en la clase.

De nada sirve que sea la relación más saludable del mundo y no haya abusos de por medio.

Los escándalos de abusos sexuales por parte de docentes que se han escuchado en los últimos meses han hecho pensar demasiado a los legisladores para tratar de evitar nuevos casos.

Cuando digo ‘demasiado’ es porque literalmente se han pasado de la raya de lo que habría que evitar.

La iniciativa de Olsen sería adecuada si en todo caso tratara de proteger a los menores de maestros que dicen estar enamorados pero buscan otros fines.

El problema es que su medida también considera como delito cuando los estudiantes ya han alcanzado la mayoría de edad.

¿No era esa misma la que el gobierno considera para hacer una distinción entre lo infantil y lo adulto?

Venía manejando por el camino con esa pregunta dando vueltas en mi cabeza: ¿para qué sirve realmente cumplir 18?

Es gracioso que a los 16 años ya puedas conducir un coche pero para tomar una cerveza tienes que esperar hasta los 21. Eso sí, en cuanto cumplen la mayoría de edad el gobierno  te deja de compensar por los gastos que tienes de aquel hijo que no es tuyo pero que te has encargado de criar.

Pues ahora daría igual la edad que se tenga, que ni aún siendo adulto te puedes enamorar de tu maestro porque si sale contigo como pareja le quitarían su pensión.

¿Y quién es el gobierno para decidir de quién se pueden enamorar las personas? Si de por sí es difícil darle órdenes al corazón, solo nos hace falta que sean los legisladores quienes nos digan con quién no nos podemos casar.

La recurrente idea de Olsen surgió porque un maestro de 41 años dejó a su esposa y tres hijos para irse a vivir con una estudiante de 18 años de edad. Los dos han confesado que están enamorados y que no hubo ningún tipo de abuso sexual mientras ella era menor.

Ya sabemos que para esto del amor, aunque a veces cueste entenderlo, no hay edad.

Ambos ya son mayorcitos para saber lo que quieren y los únicos que entienden a su corazón. Una ley no cambia los sentimientos.

Prohibirles que no sean pareja solo por el hecho de que él es maestro es lo más ridículo que he escuchado en mucho tiempo. Y prohibirles que estén juntos porque él está casado es como volver a los tiempos cuando no se permitía el divorcio.

Lo que hagan o dejen de hacer con sus vidas es algo que nadie más que ellos tienen el derecho de decidir.

Lo interesante es que haciendo gala de que también es mamá de tres hijos, la asambleísta se puso en la piel de la esposa abandonada para calificar de “horror y escándalo” la decisión del maestro, porque no quiere que otra familia en California vuelva a pasar por lo mismo.

Aquí si la Primera Enmienda le permite opinar lo que quiera, pero eso no le da derecho alguno de querer ir por la vida salvando matrimonios que ni siquiera ella sabe si están funcionando o no.

Tal vez a ella le impusieron con quién se tenía que casar o de quién se tenía que enamorar cuando era pequeña.

Me pongo a pensar qué pasaría con los maestros solteros. ¿También les quitarán la pensión si se echan de novia a una estudiante mayor de edad?

¿Qué pasará con las solteras, mamás o no, que por ejemplo acuden por las noches a clases para mejorar su inglés? ¿También a ellas les van a decir que hay una ley que les prohíbe salir con su maestro si se enamoran de él?

Con esta idea ya hemos llegado demasiado lejos. Mejor volvamos a la época donde los padres le decían a sus hijos con quién se tenían que casar. Así por lo menos, las decisiones quedarían en casa, en lugar de que sea el gobierno el que a cada rato te quiera controlar lo más valioso de la vida.

Esa parte de la misma que a nadie más le debe interesar.

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