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Un paseo por el mundo de las creadoras surrealistas

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06 de febrero, 2012

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Un paseo por el mundo de las creadoras surrealistas

David Torres

La noche del 25 de mayo de 2011 llegaba a las redacciones de todos los medios informativos la confirmación de la muerte, a los 94 años, de Leonora Carrington, en la Ciudad de México. Era un miércoles. El porqué, viviendo en Los Ángeles, me quedó fijo en la memoria ese día es algo que solamente la alquimia del tiempo podría descifrar.

Pero lo que sí supuso una certeza fue concluir que, con el fallecimiento de la pintora, escultora y escritora surrealista –a la que Octavio Paz alguna vez se refirió como “un poema que camina”–, se cumplía una etapa definitiva de uno de los movimientos artísticos más importantes del Siglo XX.

Tuve en mis manos prácticamente todos sus libros (El mundo mágico de los mayas, por ejemplo, con ilustraciones de la pintora), y ante mis ojos algunas de sus obras a través de diversas exposiciones en museos de la capital mexicana, amén de catálogos y referencias a la vida y obra de la también autora de relatos fantásticos como La dama oval, de 1937-38. Pero no solo de la artista británica nacionalizada mexicana, sino, gracias a una entrañable amiga y maestra, la escritora Esther Seligson, de otras pintoras que pertenecieron a la misma corriente artística y que hicieron de México su espacio de creación. Me refiero a María Izquierdo, Frida Kahlo, la francesa Alice Rahon, la fotógrafa húngara Kati Horna y la española Remedios Varo, esta última para mí la más reveladora de lo íntimamente humano, como si pintara con algún polvo celestial con el que seguramente se moldean los sueños, aun estando despiertos.

Ahora que el Museo de Arte del Condado de Los Angeles ha traído la exposición In Wonderland: The Surrealist Adventures of Women Artists in Mexico and the United States, se puede descubrir que la pléyade de mujeres pintoras y escultoras surrealistas a ambos lados del Río Bravo es aún más amplia, como Helen Lundeberg, Lee Krasner o Adaline Kent, que si bien son menos conocidas que la Kahlo, por ejemplo, su obra no desmerece en absoluto en la identificación plena del surrealismo, con el que casi siempre se relaciona el mundo artístico masculino: Max Ernst, Salvador Dalí o Paul Klee, en la pintura; Antonin Artaud o André Breton, en la literatura, o Luis Buñuel, en el cine.

Las 175 obras de las 47 pintoras seleccionadas para este regalo visual conforman una especie de retablo  onírico de la época que les tocó vivir, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, en la que los diferentes exilios condujeron a muchas artistas a confluir precisamente en México y en Estados Unidos, dos segundas patrias en las que volcaron su pasión crítica y su presencia indiscutible en el ámbito no solo del compromiso social, sino cultural y artístico.

Su estética era su voz, su aliada más firme para entender e interpretar una realidad tan inasible en lo concreto, pero tan moldeable en lo abstracto. Baste ver una y otra y otra vez el cuadro La huida, de Remedios Varo, de 1961, para al menos sentir que el camino está siempre ahí, a la espera de los protagonistas que deseen transitarlo, en la breve ensoñación que impele a levitar en una embarcación que no hiera el sigilo de la bruma o de las sombras que surjan en algún momento como inevitable compañía.

A esta ofrenda pictórica se añaden fotografías y textos en un ala de la muestra. Son de destacar tres ejemplos que representan ese acto civilizatorio que han significado y significarán siempre los medios impresos: uno es un cuaderno con un texto escrito a mano por Remedios Varo titulado “Doña Milagra”; otro es un ensayo de Artaud con el título “La pintura de María Izquierdo”, publicado en 1936 en Revista de Revistas, del periódico Excélsior; y otro escrito precisamente por María Izquierdo más revelador aún: “La mujer y el arte mexicano”. Es entonces cuando adquiere un simbolismo especial, por ejemplo, el cuadro Autorretrato con collar de espinas y colibrí, pintado por Frida Kahlo en 1940.

El dejar que la mirada navegue por esas formas –que en su manifestación son el espejo de una época en su propio esplendor—ayuda en verdad a descifrar un infinito significado más que surrealista: es el testamento de una Presencia colectiva que nos sigue soñando como entes libres más allá de la pintura.

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In Wonderland: The Surrealist Adventures of Women Artists in Mexico and the United States

Museo de Arte del Condado de Los Angeles

Del 29 de enero al 6 de mayo

 

 

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