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Permiso, ¿puedo casarme?

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09 de febrero, 2012

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Permiso, ¿puedo casarme?

Rubén Moreno

Reconozco que la primera vez que vi a una pareja del mismo sexo abrazada me llamó la atención. La segunda vez, también. Y la tercera.

Si pasaban a un lado, era inevitable voltearme para volverlo a ver, tratando de esconder mi disimulo. Como si hubiera visto dos bichos raros y necesitara convencerme a mí mismo de que no era un espejismo. Que eran dos humanos.

Y así seguían. Abrazados. De la mano o dándose un beso.

Con la inocencia que caracteriza a cualquier niño, me quedaba pensando en muchas cosas. La misma novedad me hizo sentir estupefacto. La misma incredulidad me hizo palpar la realidad.

La mente y el corazón emitían señales opuestas. ¿A quién hacerle caso?

La primera se afanaba en creer las doctrinas y valores que te enseñaban desde chico en una época donde se cuestionaba poco. Mucho menos a la Iglesia. Si el párroco decía que eso era pecado, entonces era pecado.

¿Por qué entonces mi corazón sentía lo contrario? Si se quieren, qué bien que lo demuestren. ¿No hacen acaso eso papá y mamá?

Aún hoy me sigue llamando la atención cuando las veo. Creo que es producto de una infancia donde profundamente la sociedad te enseñaba lo contrario. No hay cómo evitarlo. La diferencia es que ahora lo veo con otros ojos y en lugar de voltearme, como mucha gente sigue haciendo mientras comentan ‘ahí van esos’, por mi mente pasa admiración y respeto.

Sí, son humanos. No son bichos raros.

Mis manos son dos más que aplauden la decisión que el tribunal de apelaciones dio esta semana al señalar que es inconstitucional prohibir en California que dos personas se casen, aunque sean del mismo sexo.

¿Quién escribió las reglas del matrimonio?

Dicen los más conservadores que se oponen a las bodas de homosexuales porque el casamiento siempre ha sido entre un hombre y una mujer. Que por eso  así debe seguir siendo. Los religiosos se asientan en lo que dicta la Iglesia católica y muchas otras congregaciones porque Dios no acepta eso. Y los demócratas razonan que debe respetarse la opinión de la mayoría que ha votado en contra.

Permiso, pero creo que no hay más falta de respeto a los valores morales cuando la mayoría se empecina en dictar lo que tiene que hacer la minoría, entre la que hay muchas personas que no comparten sus creencias religiosas por mucho tiempo que lleven escritas.

Si fuera un homosexual ateo, ¿qué derecho tiene de decirme un creyente que no puedo casarme con quien quiero? ¿Acaso las bodas solo se inventaron para un grupo selecto?

Es curioso que un derecho que debería concederse innato acabara siendo decidido en las urnas. Si mañana la mayoría vota a favor de matar a todos los negros, ¿también habrá que hacerles caso? Oiga usted, es que lo ha dicho la mayoría, entonces hay que hacerlo.

Creo simplemente que hay cosas en este mundo que se salen del tiesto, y en las que la humanidad no tiene derecho de opinar en lo que cada quien como individuo puede hacer o dejar de hacer sin que le afecte al resto.

Cuando un derecho se otorga, debe ofrecerse a todo el mundo por igual, sin condición de creencias ni requisitos solo porque lo diga la mayoría o porque así fue desde que se creó el universo. Es lamentable que haya que recurrir a los tribunales para defenderlo.

Nadie es superior a los demás porque los demás piensen que no son nadie.

No he leído la Biblia entera, pero estoy convencido que no hay ni un solo párrafo donde diga que no pueden casarse las parejas del mismo sexo. Si Dios es amor, ¿no es amor lo que también sienten ellos?

Muchos somos los católicos que estamos a favor de que se casen. Aquí nadie le está pidiendo a la Iglesia que cambie su doctrina. La mayoría de las parejas homosexuales estarían felices con casarse tan solo por lo civil. Entre eso y ser consideradas solo parejas de hecho, hay un trecho.

Si dejamos que los homosexuales se casen, ¿qué pasará entonces con los valores familiares?, se preguntarán muchos. Buena pregunta para hacérsela a quienes viven juntos sin casarse y aún así tienen hijos y relaciones sexuales. Eso tampoco fue lo que me enseñaron de pequeño.

¿Será que solo somos conservadores para lo que queremos?

No nos engañemos. Ni la humanidad se va a extinguir porque se casen los homosexuales ni el mundo será peor porque les dejemos. Pero no hacerlo, es seguir poniendo barreras para diferenciar la mayoría de la segunda clase, maquillando el discurso haciendo creer que estamos a favor de la igualdad cuando en realidad les estamos quitando derechos.

Cuando la humanidad no se escandalice, habremos avanzado otro paso. Es tan solo cuestión de tiempo.

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