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La vida sin licencia de conducir en Carolina del Norte

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10 de febrero, 2012

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La vida sin licencia de conducir en Carolina del Norte
Una joven hispana posa para la fotogarfía de su licencia de manejo en Charlotte. Foto: EFE

Charlotte, Carolina del Norte (EFE).- Los servicios de transporte que ofrecen supermercados, restaurantes y particulares en esta ciudad de Carolina del Norte se han convertido en una solución para los hispanos sin licencia de conducir que evitan manejar para no ser deportados.
Las tareas cotidianas de una madre de familia de ir a la tienda, llevar los niños a la escuela; para la familia de salir el domingo al restaurante después del servicio religioso dominical, o el trabajador de buscar comida a la hora de almuerzo, se han vuelto muy complicadas por no contar con la autorización de manejo.
Desde la implementación en 2006 del programa 287g y en 2010 de Comunidades Seguras, que han puesto en proceso de deportación a más de 11,000 inmigrantes en la “Ciudad Reina”, además de una ley que prohíbe a los indocumentados sacar o renovar licencias, la comunidad hispana y los negocias se han vuelto más “creativos”.
“Es un peligro para nosotros, los trabajadores, conducir en Charlotte porque no tenemos permiso, la policía está muy pendiente. A veces tomamos el autobús o pedimos un aventón a las amistades”, contó el guatemalteco Erick Valdomar.
Valdomar, que labora en un supermercado de comida de la India en Charlotte, dice que recurre –de vez en cuando– a los servicios de restaurantes que llevan la comida a domicilio también para ahorrar tiempo al mediodía.
“Antes salíamos a comer fuera en grupo, pero ahora en más seguro quedarnos aquí y ordenar el almuerzo, así evitamos que algunos de nosotros se tope con la policía en el camino. Además nos gusta comer platillos hispanos”, acotó el inmigrante.
El guatemalteco y sus compañeros de trabajo confían generalmente en el servicio que proporciona el restaurante Pollo Royal, cuyo dueño, Efraín Ortez, de origen salvadoreño, realiza personalmente las entregas de los pedidos.
Según Ortez, que comenzó el negocio en 2006, notó que dos años después menos clientes llegaban al restaurante y al final de 2008 había perdido el 30% de sus comensales a pesar de ofrecer rica comida a precios razonables.
“Nos cambió totalmente el negocio con el problema de las licencias y la inmigración sin papeles más la baja de la economía”, apuntó Ortez.
“Terminé combinando unos especiales con el servicio a domicilio y ahora no puedo sobrevivir sin este”, añadió.
En cuatro años, el restaurante, localizado en uno de los corazones de la comunidad hispana –South Boulevard– reunió una base de datos de 3,500 personas.
Algunos clientes llegan al lugar para recoger sus pedidos y otros los ordenan por teléfono para recibirlos en la puerta de sus casas o lugares de trabajo.
En otra áreas de la ciudad, Eastway Drive, dos camionetas de pasajeros recogen diariamente a madres de familia con sus hijos, trabajadores y personas en general.
La cadena de supermercados Atlantic Farmers, de propiedad de un negociante vietnamita, se vio en la necesidad de ofrecer el servicio para penetrar el mercado hispano.
“Muchas madres no manejan, son amas de casa, que se les dificulta la transporte, por eso creamos esta solución”, afirmó María de Jesús Márquez, coordinadora del mercado hispano para Atlantic Farmers, que tiene otra sede en South Boulevard.
“Los cliente llegan al supermercado y las devolvemos a sus hogares. Todos salimos ganando”, acotó la mexicana, quien apunta que la iniciativa comenzó hace dos años y ha crecido en la medida que los inmigrantes han perdido sus licencias.
“Por aquí hay muchos retenes de la policía, es un riesgo para los hispanos inclusive realizar sus compras”, resaltó
Las camionetas realizan diariamente 50 recorridos y los fines de semana hasta el doble de viajes con compras mínimas de 50 dólares.
Negociantes más pequeños como el peruano Antonio Sangio, con apenas dos años en Charlotte, también ofrecen comida a domicilio, una práctica muy común entre hispanos de ciudades más grandes como Miami y Los Ángeles.
“Cuando llegué a Charlotte este servicio no era conocido, por eso me animé; pero mi mercado son los edificios de oficinas, no soy una ‘lonchera’, vendo comida más gourmet, con sabor a casa, y muy variada”, explicó Sangio, dueño de Sabores del Mundo.
Dice que su negocio ha ido creciendo poco a poco y que trata de complacer el paladar de la creciente comunidad latina.
De acuerdo con cifras del censo de 2010, 111,944 hispanos representan el 13.1% del total de la población del condado Mecklenburg, donde está localizada Charlotte.

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