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La ciudad del crimen

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13 de febrero, 2012

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La ciudad del crimen

Portada del libro ‘La ciudad del crimen’, de Charles Bowden.

David Torres

Después de escribir 907 textos sobre los homicidios ocurridos en 2008, el reportero Armando Rodríguez, del periódico El Diario, de Ciudad Juárez, era abatido a balazos el 13 de noviembre de ese año, cuando se disponía a llevar a su hija a la escuela.

“Su última historia apareció horas después de que lo mataran”, escribe en su dedicatoria Charles Bowden, autor de La ciudad del crimen. Ciudad Juárez y los nuevos campos de exterminio de la economía global.

El tono de este libro es así desde el principio, sin treguas ni contemplaciones: directo en su estilo, íntimo en su narrativa y contundente en su retrato de una ciudad que se ha convertido, en el imaginario colectivo mundial, en un enclave de la impunidad a lo largo de las últimas décadas.

El hilo conductor de La ciudad del crimen no es precisamente la historia de Rodríguez, sino el eco de su tarea en manos de otro periodista como Bowden, que con cuatro personajes centrales logra ir tejiendo el entramado de una sociedad que se mantiene en vilo entre el éxodo y la sed de justicia; entre el temor al día a día y la necesidad de informar y de ser informada de lo que en realidad está pasando; entre la barbarie de un estado de sitio a manos de los cárteles de la droga y una pléyade de policías y militares que no ha servido de mucho para tranquilizar a la gente.

Ultrajada por policías locales, el personaje de “Miss Sinaloa” le sirve al autor para desentrañar una especie de estética de la violencia, como el retrato de un país violado que busca respuestas a lo que le ha ocurrido, pero que se repliega y se integra al final a la ayuda de sí mismo a través de organizaciones civiles, ante el desamparo de las leyes; el sicario le revela el infierno psicológico de quienes no tienen otra opción de vida más que el exterminio como una macabra tarea “laboral”; un periodista que ya sabe el terreno que pisa al creer en esta profesión de fe informando sobre asesinatos y desapariciones; y un religioso que predica como un “Simón del desierto” buñueliano.

Si se recuerda bien, muy al principio la información que surgía de Ciudad Juárez conformaba una especie de cosmos periodístico lejano aun en su propia violencia. En efecto, hacia principios de los 90 del siglo pasado, una localidad mexicana fronteriza con Estados Unidos que en sus mejores tiempos era, para muchos, solo un referente musical, de vida nocturna y presencia turística empezaba a reportar hallazgos de mujeres asesinadas, amén de la desaparición de tantas más.

Una tras otra, las notas periodísticas se fueron acumulando a lo largo de los días, las semanas, los meses, los años, sin que hubiese una solución en el corto plazo, como si en realidad a ninguna autoridad le importara. Hasta la fecha.

Esa acumulación de dolor social e impunidad hizo que esa aparente lejanía no fuera tal y acercara al mundo a esa zona geográfica fronteriza que es considerada ya como “la segunda ciudad más violenta” del mundo, con 148 asesinatos por cada 100 mil habitantes, según datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, que ubica a San Pedro Sula, Honduras, como la urbe más violenta del planeta, con una tasa de 159 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes.

Bowden, autor también de otros textos como Down by the River y Some of the Dead are Still Breathing, analiza y presenta una Ciudad Juárez literalmente sitiada no únicamente por la actividad de la delincuencia organizada, sino por la forma como las autoridades locales se han dejado atar de manos para, bajo amenaza o en connivencia, no hacer nada.

Sí, Ciudad Juárez es un punto estratégico para el trasiego de drogas como ningún otro en el mundo –y uno de los primeros “laboratorios” del Tratado de Libre Comercio que llenó de maquiladoras y de salarios mal pagados la zona, como descifra Bowden en su libro–, por lo que al mismo tiempo se ha convertido en un campo de batalla entre quienes desean controlar dicha “plaza”. Solo que en medio de todo eso hay seres humanos que nada tienen que ver con el crimen organizado y sin embargo les ha tocado ser víctimas en su propia tierra, en medio de una guerra que ha dejado alrededor de 50 mil muertos en todo el país en los últimos cinco años.

Escribe Bowden: “México se convirtió en una nación moderna, y luego México no se volvió un Estado moderno; quedó a la sombra de la tiranía y la pobreza, pero esto ha sido ocultado por los sucesivos gobiernos estadounidenses, porque el mejor vecino de un imperio mundial es un vecino tranquilo”.

Pero las cosas se han salido de las manos, mientras la realidad expuesta está ahí, a la vista de todos. Qué falta para poner una solución es quizá una de las preguntas que se han hecho tantos periodistas locales, como Armando Rodríguez, que a pesar de su trabajo y su fe en desentrañar algo, sabía de algún modo que, como también estipula Bowden en su dedicatoria, “al igual que el resto de nosotros, era un hombre muerto caminando”.

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Bowden, Charles

La ciudad del crimen. Ciudad Juárez y los nuevos campos de exterminio global.

Vintage Español, Random House Inc., Nueva York, 2011, 370 pp.

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