El padre que reveló ser padre

Por Rubén Moreno 

La renuncia de Gabino Zavala como obispo auxiliar alimenta el debate sobre el celibato en la Iglesia católica

La comunidad católica de Los Ángeles ha comenzado el año con la sorpresa de que uno de sus obispos auxiliares más queridos, Gabino Zavala, ha renunciado a su cargo 35 años después de prometer ante Dios guardar los votos de pobreza, obediencia y castidad cuando fue ordenado sacerdote.

El porqué de su marcha se debe precisamente a no haber cumplido este último, tras revelarle al arzobispo de la arquidiócesis angelina, José Gómez, que es padre de dos hijos.

Siguiendo los protocolos que marcan las leyes vaticanas, Zavala, nacido en Guerrero, México, hace 60 años, presentó su renuncia al papa Benedicto XVI, la cual fue aceptada de inmediato esta misma semana, al interferir una situación personal que no lo hace propio para seguir siendo parte del clero.

Teniendo en cuenta que los hijos son “adolescentes menores de edad”, según confirmaron a Latino California portavoces de la propia arquidiócesis, las relaciones sexuales que convirtieron en papá al ahora ya exobispo se tuvieron que producir mientras fue rector del seminario St. John –puesto para el que fue designado en 1992- o ya una vez como obispo auxiliar, cuyo cargo tomó dos años más tarde.

De la madre de los menores solo ha trascendido que vive con ellos en otro estado, y que la arquidiócesis católica de Los Ángeles les ha ofrecido ayuda espiritual y económica para sus estudios.

La revelación y posterior obligada renuncia del clero de Gabino Zavala ha despertado el debate sobre si la Iglesia católica debe continuar exigiendo el celibato a sus sacerdotes o es hora de que haga reformas que cambien algunas de sus doctrinas más conservadoras, para asimilarse a otras corrientes como la episcopal donde a sus pastores sí les está permitido casarse y tener hijos sin que interfiera con sus labores religiosas.

Para el teólogo Felipe Agredano, las reformas no están a la vista aunque eso suponga que muchos católicos sigan sin estar del todo de acuerdo con algunos de los principios que sostiene su Iglesia.

“Tomará por lo menos cien años para lograrse esas reformas. No creo que sucedan bajo Benedicto XVI ni con su sucesor, porque el papa Juan Pablo II dejó establecido un colegio de cardenales conservadores que han retomado incluso muchos puntos anteriores al Concilio Vaticano II”, expresó Agredano.

Alejandro Escoto es pastor en la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de Los Ángeles, considerada cristiana con raíces pentecostales donde aceptan las parejas del mismo sexo. Llegó allí tras sentirse rechazado por la Iglesia católica cuando reveló su homosexualidad  poco antes de haber tenido que entrar al seminario.

“Me encantaría estar con la Iglesia católica, pero no me voy a meter otra vez en el clóset”, dijo Escoto. “Cuando la Iglesia te rechaza significa que Dios te rechaza, porque es la Iglesia la que representa a Dios. Es así como la Iglesia nos mantiene encadenamos en la mentira. He aprendido que Dios ama sin condiciones, y que es el humano el que las pone”.

“Si la Iglesia católica eliminara el requisito de que los sacerdotes no se pueden casar, tendrán la oportunidad de ser más felices”  y hasta es posible que más personas quisieran servir en sus parroquias.

Pero, ¿por qué no se pueden casar los sacerdotes? La respuesta está anclada en el tiempo, más allá de que la Iglesia insista en que deben casarse con Dios y con ella misma.

Se trata de una ley eclesial de hace siglos cuando a los sacerdotes se les prohibió el matrimonio para que así la Iglesia se asegurara los terrenos que mantenía.

“Antes los sacerdotes dependían de las propiedades, en lugar de un sistema de nóminas y de trabajo como ocurre en la actualidad”, explicó Agredano. “Si los sacerdotes se casaban y tenían descendencia, era probable que los terrenos de la Iglesia quisieran transferirlos a sus hijos”.

“La Iglesia decidió que necesitaba los terrenos para sobrevivir”, añadió Escoto. “Era una ley monetaria, no basada en la pureza”.

Sin embargo, las cosas cambian cuando se trata de ganar adeptos, especialmente ante la baja en el número de vocaciones.

“Hay unos 200 padres anglicanos que estaban casados, tenían hijos, y se convirtieron al catolicismo”, indicó Agredano. “La Iglesia católica sí permitió a los anglicanos que se integraran con sus esposas y familias porque ya estaban casados, pero no ha hecho las reformas necesarias para permitir a sus clérigos tener sus propias familias”.

En la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe del Este de Los Ángeles, donde Zavala comenzó sus labores sacerdotales en 1977, la renuncia se ha tomado con cierta benevolencia aunque con el interrogante en el aire de por qué suceden las cosas.

“Cuando las personas hacen voto de castidad es para que se dediquen solo a Dios y a la Iglesia, pero el mundo avanza y todos somos seres humanos que cometemos errores”, comentó Benita Bocanegra, quien es voluntaria en la parroquia desde hace 19 años. “Hace falta más oración por estas personas. Cuando algo así pasa, la gente se decepciona porque hay muchas personas que son cortas de fe.  Pero el único que puede juzgar es Dios, yo no soy quién para juzgarle”.

Y otro interrogante que queda en el aire. ¿Por qué ahora?

“Tal vez porque quiera retirarse y unirse con la madre de sus hijos, o porque vio que era oportuno decirlo tras la salida del cardenal Roger Mahony”, opinó Agredano. “En cualquier caso, una situación como esta hace que la gente se aferre más a su fe y a sus creencias como una manera de defenderse”.

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