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72 migrantes: libro que duele

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23 de enero, 2012

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72 migrantes: libro que duele

 

David Torres.

La sorpresiva lentitud del metro de Los Ángeles me atrapa leyendo ya la última página de un libro que duele: 72 migrantes, que contiene las historias de quienes fueron asesinados el 23 de agosto de 2010 en un rancho de la localidad de San Fernando, en el estado mexicano de Tamaulipas.

Es como si, a propósito, el convoy  retrasara su arribo a la siguiente estación para permitirme llegar a la última frase del libro. Y lo ha logrado. Lo cierro, con un suspiro de por medio. Regreso a la portada. Veo nuevamente el número 72, enorme, con un collage de fotos en blanco y negro de fondo.

Pienso en cada texto que he leído a lo largo de los últimos días en este medio de transporte y rezumba en mi imaginación la travesía que entre la vida y la muerte seguramente experimentó cada uno de los que, llenos de ilusión, esperanza o desasosiego, aspiraban a llegar a Estados Unidos en busca de un derecho fundamental: trabajo. Tal como la mayoría de los que viajamos en este tren.

Pero su objetivo fue truncado con esa masacre que a todos indigna.

Hilar su presencia en esta tierra con los recuerdos de las familias de los identificados y la reconstrucción imaginaria de los no identificados –para darles al menos un poco de paz y respeto– es la ofrenda de palabras e imágenes que contiene 72 migrantes(Editorial Almadía, Oaxaca, México), una obra concebida con los textos de 72 periodistas y escritores, uno por cada víctima, a través de los cuales se ha intentado humanizar esta realidad cada vez más lacerante que no muchos quieren entender: la falta de oportunidades para los que menos tienen obliga a un éxodo interminable en busca de refugio económico en el país que, a pesar de su propia crisis, aún es destino de miles de personas de todo el mundo.

Es, de hecho, una constante que ha comprobado la historia en cada etapa del desarrollo de la humanidad, pero ahora exacerbada por el delirio de una globalización que solo ha hecho más global y generalizada la pobreza donde ya la había.

Con prólogo del actor Gael García Bernal, codirector del documental Los invisibles (sobre la migración centroamericana),  y la introducción de la periodista Alma Guillermoprieto, 72 migrantes constituye un hito editorial y electrónico (www.72migrantes.com), pero al mismo tiempo un reclamo por la forma como el actual “orden mundial” está establecido, que ha permitido lucrar con la desgracia humana y colocar en mayor peligro a quienes de por sí son vulnerables, como los migrantes que lo arriesgan todo sin garantía de absolutamente nada.

Caer en manos de organizaciones de la delincuencia organizada en el camino, además, ha venido a agravar su situación en su paso porMéxico, tierra tan lastimada en los últimos años por la llamada “guerra contra el narcotráfico”, que ha dejado alrededor de 50 mil muertos.

Dice el antropólogo Roger Bartra, uno de los participantes del libro y a quien correspondió la historia del migrante número 22, no identificado, que “acaso no lo sabía, pero formaba parte del centro mismo de la historia global. Marginal como seguramente se sentía, miserable y desempleado como las circunstancias lo obligaron a ser, al mismo tiempo murió aplastado por el peso de una Historia con mayúscula, central e inclemente, que se cuela por todos los poros de la vida contemporánea”.

¿Acaso, como muchos otros, tenía la intención de venir a Los Angeles?

Cómo saberlo.

El convoy avanza. Y es curioso, pero este metro de “elei” adquiere, a ciertas horas, una atmósfera literariamente migrante. Cada uno con una historia que contar, mexicanos, centroamericanos y sudamericanos compartimos lugares con coreanos, chinos e hindúes, sobre todo, en medio de los pasajeros angloparlantes, divididos entre afroamericanos y blancos. Nada raro para una ciudad cosmopolita.

Pero echo un vistazo antes de salir y siento que hacen falta 72 migrantes que tenían derecho a seguir viviendo y a partírsela por sus familias como cualquier otro en este país. No están. Y me alejo pensando que merecían un lugar entre nosotros.

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