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Los retos de Ocupemos Wall Street

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04 de noviembre, 2011

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Los retos de Ocupemos Wall Street

María Luisa Arredondo

Por María Luisa Arredondo

 

Los detractores del movimiento Ocupemos Wall Street lo han catalogado como un grupo acéfalo y sin demandas específicas, por lo que pronostican que está destinado al fracaso.

 

Si bien es cierto que hasta ahora no ha surgido un líder claro del movimiento, la segunda acusación  es a todas luces cuestionable, al igual que el vaticinio de que desaparecerá sin dejar huella.

 

Para quienes leemos las noticias a diario es claro que la principal demanda que anima a los  manifestantes de Wall Street es terminar con la excesiva codicia de las corporaciones. Ésta es, sin duda, el mayor obstáculo para que la economía vuelva a ser productiva y se generen los millones de trabajos que tanto se necesitan.

 

No se trata, como dicen algunos, de acabar con la libre empresa ni de imponer el comunismo. Lo que piden los manifestantes de Wall Street es simplemente ponerle un alto al capitalismo salvaje que lo único que ha logrado es enriquecer a una élite cada vez más pequeña a costa de la ruina económica de millones de familias de clase media y trabajadora.

 

Las protestas se han extendido a numerosas ciudades de Estados Unidos y de otros países  justamente porque la mayoría de la gente ya está cansada no sólo de los abusos de las corporaciones sino de la pasividad de los gobiernos que se han convertido en cómplices de éstas. En este sentido, lo que ha logrado el movimiento Ocupemos Wall Street es histórico, pues en menos de dos meses ha despertado la simpatía de millones de estadounidenses, tradicionalmente reacios a solidarizarse con protestas en las calles.

 

Por otra parte, aunque el movimiento carece de voceros visibles, los manifestantes sostienen que se trata de una estrategia que ha dado buenos resultados en el pasado. Y citan como ejemplo que la lucha de los derechos civiles en la década de 1960 comenzó de manera similar. Algunos académicos consideran incluso que el carecer de liderazgo tiene la ventaja de que permite a gente con diferentes antecedentes unirse para defender una consigna amplia.

 

En las últimas semanas, sin embargo, el movimiento ha contado con la presencia del cineasta Michael Moore, quien ha acudido a apoyar a los manifestantes en varias ciudades del país, como Oakland. Pese a que el director insiste en que no le interesa encabezar esta lucha, en la práctica se ha erigido como un líder idóneo, no sólo por su fama sino por su autoridad moral a favor de las causas sociales.

 

Las próximas semanas serán cruciales para definir el futuro del movimiento pues los manifestantes no podrán permanecer de manera indefinida en sus campamentos.  El siguiente paso tendría que estar encaminado a presentar un plan de lo que el movimiento propone para terminar con los abusos de las corporaciones y el incumplimiento de los gobiernos para defender los intereses de las mayorías. En una entrevista con CNN, Moore lo dijo muy bien. “Ha llegado la hora de crear un nuevo sistema económico basado en la democracia”. El reto será, desde luego, cómo hacerlo, pero por algo tenemos que empezar.

 

María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

 

 

 

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