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Mordaza a la prensa en México

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29 de septiembre, 2011

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Mordaza a la prensa en México

Los carteles de la droga en México han empezado a lograr  otro de sus grandes objetivos: silenciar a los medios de comunicación, como lo demuestra el reciente asesinato de la periodista María Elizabeth Macías Castro, al que muy pocos diarios locales le dieron difusión.

El cuerpo de la infortunada periodista,  semidesnudo y decapitado, fue descubierto el pasado 24 de septiembre  en el monumento a Cristóbal Colón de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Pese a lo impactante del hecho, ninguno de los directivos del periódico “Media Hora”, para el que trabajaba Macías, se atrevió a dar declaraciones, ni tampoco sus compañeros de labores. La mayoría de los medios ignoró la noticia y los pocos que la difundieron lo hicieron de manera por demás escueta, lo que resulta comprensible si se considera que, junto al cadáver de la periodista, sus asesinos colocaron dos tableros de computadora y un mensaje que decía: “Aquí estoy por mis reportes y los suyos”.

La advertencia no puede ser más clara: A todo aquél que denuncie las actividades del crimen organizado en México, como lo hacía Macías a través del sitio en internet Nuevo Laredo en Vivo, le aguarda un destino similar.

Macías Castro, quien para hacer sus denuncias en la red usaba el pseudónimo NenaDLaredo, es la décima primera periodista mexicana que ha sido asesinada en lo que va del año. Y, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, desde 2006, cuando  se intensificó la lucha del gobierno mexicano contra los carteles del narcotráfico han sido asesinados 50 informadores.

Estas cifras han convertido a México en el país más peligroso de América para ejercer el periodismo y la libertad de expresión y el segundo a nivel mundial, sólo después de Pakistán, donde en los últimos 11 años han matado a 102 periodistas.

Las consecuencias están a la vista: No solamente en Tamaulipas los medios han empezado a callar y a cubrir al mínimo las actividades de los narcotraficantes. También en Chihuahua, Michoacán,  Durango,  Guerrero y todos aquellos estados que sufren la violencia del narcotráfico.

La vulnerabilidad de los periodistas mexicanos ante el crimen organizado es aún más obvia y dolorosa por la falta de respuesta de las autoridades. A pesar de que el presidente Felipe Calderón se ha comprometido varias veces a “redoblar esfuerzos” para garantizar la seguridad de los reporteros y llevar a cabo una reforma para que los ataques contra los periodistas sean considerados delito federal, siguen los asesinatos.  Y no sólo eso, hasta la fecha prácticamente ninguno de estos crímenes se ha esclarecido.

De nada han valido protestas, reclamos, foros y columnas donde la población y los informadores han expresado su indignación e impotencia. Como bien dijo la conocida comunicadora Sanjuana Martínez, entrevistada recientemente en el noticiero de televisión “En contexto”, conducido por Rubén Luengas, “los periodistas mexicanos están atrapados en una guerra desigual entre cuernos de chivo y teclados de computadora, entre pistolas y plumas, arrodillados ante el creciente poder de los grupos delictivos”. Y lo más grave es que ninguna autoridad parece estar dispuesta a mover un dedo para evitarlo.

 

***María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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