Reservas ocultas

“Para la gran mayoría de los emprendedores, el mayor reto no consiste en recaudar dinero sino en tener el ingenio y el

Manuel Sañudo.

empuje para arreglarse sin él»

Amar Bhide

La insuficiencia de flujo de efectivo es un acicate que aviva la creatividad del director. Quien debe ser un hábil inspector para descubrir los escondrijos donde está inmovilizado el dinero: en las reservas ocultas.

Al hablar de esas “reservas” un empresario exclamó: “¿Cuáles reservas ocultas, si no tengo dinero ni para la nómina?” Sucede, pues, que por eso se les llaman ocultas, ya que no se ven tan fácilmente; no están a la vista para el empresario que vive el sofoco de la falta de efectivo. No están en la perspectiva, pues es dinero que se ha ido consignando a usos que han desecado – o lo siguen haciendo – la liquidez del negocio.

Una reserva oculta es un área de resultados, no explotada, con potencial de alto rendimiento a corto plazo.

Hagamos un breve listado de algunos fines a los que se ha destinado el monetario, en un camino de no retorno o de improductividad: unidades de negocio que es “normal” que pierdan dinero, productos o servicios mal atendidos, mercados insuficientemente explotados, armas competitivas sub-utilizadas, talentos desaprovechados, rancias cuentas por cobrar, inventarios desnivelados o excedidos, pagos a proveedores en plazos más cortos que la recuperación de las ventas a crédito, activos fijos inútiles, horas extras indebidas, nómina abultada, etcétera.

Listado que ilustra que el fondo del problema está en no cuestionar la relación de causa al efecto y de costo – beneficio. Y un mucho, asimismo, de falta de sentido del ahorro y la austeridad.

Sucede que una vez que se autoriza un gasto, se compra un activo o se abre la caja del dinero para un uso cualquiera, acto seguido se viene un efecto de cascada de otros gastos – no presupuestados – que luego se consideran como obligatorios.
Ejemplifico con una situación que observé en un gobierno municipal. Se decidió la construcción de unos parques y jardines, con una suma millonaria, y jamás se pensó que de ello se derivarían gastos, para el largo plazo, que socavarían más – el ya de por sí maltratado – presupuesto municipal: el gasto del personal inevitable para regar esos prados.

Obvio es que hubiese sido mejor incluir, en el presupuesto inicial, un sistema de riego automatizado. Pero eso, a juicio de los regidores, elevaría el costo de la inversión primaria.

Paradigmas – o apocamiento de miras – como las del caso enunciado son las que van ocultando el drenaje por donde se fuga el efectivo. Y luego se pregunta que ¿dónde está el dinero?

La ofuscación de no ver las ocultas reservas también tiene una causal emotiva. En especial cuando se trata de recortar personal. Pues, a sabiendas de que se está excedido en la nómina, a la hora de decidir los despidos, por razones sentimentales – muy comprensibles por cierto – es que se posponen los cortes. Y el desagüe de la liquidez continúa su marcha.

¿Frialdad porque únicamente se ven los números? Sí, definitivamente que sí. Reiteradamente he dicho que la aritmética no es negociable. O el negocio da para sus gastos y la utilidad, o se debe de reducir el tamaño de éste a la medida en que sea rentable… y líquido.

***El autor es Consultor en Dirección de Empresas. Correo: manuelsanudog@hotmail.com
Facebook: www.facebook.com/manuelsanudog
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