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“Si tira, quemaaa…’

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28 de julio, 2011

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Si a los ministros de Economía de Cuba les creciese la nariz cuando mienten, como a Pinocho, no podrían trasladarse en

Roberto Alvarez-Quiñones.

automóvil a ninguna parte, sus apéndices nasales no cabrían en el vehículo.

La del actual titular, el coronel de la inteligencia Marino Murillo, debe haber crecido como un metro cuando hace unos días informó en la Asamblea Nacional que el Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba en 2010 creció en un 2.1%.

Pero la nariz de Murillo no alcanza aún la longitud del de su antecesor en el cargo, José Luis Rodríguez, quien sin sonrojarse en diciembre de 2006 anunció que el PIB cubano había crecido ese año en un 12.5%, la mayor alza registrada en la historia reciente de América Latina y la más alta del planeta al superar el 10.7% de China ese año. El año anterior había informado que la economía cubana habría crecido en un 11.8%

Economistas de dentro y fuera de la isla revelaron entonces que en 2006 el crecimiento de la economía cubana había sido de un 3.2%. Si aplicamos la algebraica “regla de tres” a los datos de 2006 y 2010, el resultado es que el PIB cubano en este año que termina no creció siquiera un debilucho 2.1%, sino que descendió fuertemente.

Los ministros de Economía castristas mienten de oficio –Rodríguez, mucho más capaz que Murillo, era un “reformista agazapado” y por eso fue destituido– pues así lo requiere el régimen. Todo parte de una vieja táctica establecida por el Che Guevara en 1960, cuando siendo presidente del Banco Nacional de Cuba se enfureció porque esa institución calculó –siempre lo había hecho—que el crecimiento del PIB cubano en 1959 fue de 1%, lo cual fue algo considerado como inadmisible por el guerrillero argentino, quien de inmediato ordenó suspender definitivamente el método que se había estado usando.

Desde entonces Cuba carece de un sistema confiable de cuentas nacionales para medir el PIB, o sea, los bienes y servicios producidos en un año en el país. El sistema que se emplea es uno “distinto” que permite inflar las cifras con fines políticos.

A ojo de buen cubero
Creo que el método usado debiera llamarse AOBC (“A Ojo de Buen Cubero”). Se suman las cirugías de la vesícula, de apendicitis, o del corazón y dicen: ¿cuánto valdrían si se cobraran a los precios de un país equis”. Y los cursos que se dan por la TV ¿cuanto valdrían si se vendieran en DVD como en otros países?. ¿Cuánto valdría cada análisis de sangre, rayos-X, ultrasonido, o una consulta con un especialista?

O sea, se suman valores ficticios –calculados arbitrariamente—de servicios prestados gratuitamente como si hubiesen sido cobrados a altos precios y basados en otra ficción al darle al peso convertible (CUC) un valor de $1.08 dólares. Servicios como la educación y el deporte se registran como si hubiesen sido cobrados por instituciones privadas en un país capitalista.

Pero no se puede contabilizar como ingreso lo que es un gasto, ni un pasivo como si fuera un activo. Los servicios estatales gratuitos son gastos que no generan ingresos. Tal vez los economistas castristas se basan en el tecnicismo contable de que las Cuentas por Cobrar en contabilidad se registran como parte del Activo Corriente, pues se convertirán en un ingreso cuando sean cobradas. Esos servicios gratuitos representan miles de millones de dólares gastados en salud, educación, deportes, y la economía socialista es incapaz de generar riquezas suficientes para subsidiarlos. Es lo que hace inviable al “modelo cubano”.

Por eso la cúpula castrista se disfraza de capitalista a la hora de informar sobre el PIB, “cobra” esos servicios virtualmente y pasa gato por liebre como el Che en 1960: declara un crecimiento económico sumamente inflado con respecto a su valor real.

Si todos los gobiernos hiciesen lo mismo el PIB global del planeta no sería de 70 billones de dólares ( como es hoy), sino de 400 billones. Teóricamente no habría pobreza en la Tierra.
La economía cubana padece una crisis terminal tan catastrófica que la propia dictadura admite ahora que el estatismo paternalista fue un “error” y se van a despedir a un millón de trabajadores sobrantes, que deberán arreglárselas para sobrevivir en la economía del “timbirichismo enriquecido” que se abrirá paso en 2011.

Si todavía no se ha hundido en el mar es gracias a los subsidios de $6,000 millones que envía Hugo Chávez, incluyendo la donación del 70% (5.2 millones de toneladas anuales) del petróleo que consume el país. A casi 90 dólares el barril, si Chávez no regalase ese petróleo los Castro tendrían que pagar por él unos $3,000 millones, cifra superior al valor de todas las exportaciones cubanas. Sin Chávez, Cuba se paralizaría.

Sin crecimiento no hay desarrollo
Carlos Rafael Rodríguez –el más destacado economista marxista de la isla, ya fallecido y padre del actual canciller—afirmaba en los años 50 que el crecimiento de la economía no significa automáticamente desarrollo económico. Insistía en el “carácter clasista de la distribución de las riquezas”.

Es cierto que el PIB de un país puede crecer y su población estar en la pobreza si hay una injusta distribución de las riquezas producidas. Pero también es cierto que si el país produce muy pocas riquezas, cada vez menos, entonces todos son pobres sin remedio. Por eso, a medida que en Cuba se hizo evidente que no se podía distribuir lo que no se producía Carlos Rafael apenas habló más del tema dentro del país. Es de suponer que el también vicepresidente cubano se percató de que sí puede haber crecimiento sin desarrollo, pero nunca desarrollo sin crecimiento.

Basta comparar a Cuba con Chile, el país más neoliberal y abierto de Latinoamérica. En 1958 ambas naciones estaban a la par. Según el Banco Mundial, ese año el PIB de Chile fue de $2,580 millones y el de Cuba fue de $2,360 millones. El ingreso per cápita fue de 360 y 356 dólares, casi idénticos. Y había 7.1 millones de chilenos y 6.6 millones de cubanos.

Pues bien, en 2009 el PIB de Chile fue de 168,880 millones de dólares, mientras que según cálculos de expertos de la ONU el de Cuba fue de $29,400 millones. El ingreso per cápita chileno fue de $14,461 –el más alto de Latinoamérica–, según el Fondo Monetario Internacional, y el cubano de $2,192. Chile en 2009 exportó por valor de $66,460 millones y Cuba por $2,879 millones, 23 veces menos.

Con su alto ritmo de crecimiento en los últimos 23 años Chile redujo la pobreza de un 45.1% en 1987 a un 13.7% en 2006. Su economía es la más desarrollada de Latinoamérica y se estima que Chile será un país del Primer Mundo entre 2012 y 2016. Es una de las 15 potencias mundiales exportadoras de alimentos.

Cuba, que fue una las 4 naciones latinoamericanas con mayor nivel de vida en los años 50, hoy es una de las 4 más pobres.

Pero su economía crece y se desarrolla, según el coronel Murillo y sus jefes. Sus narices dejaron muy atrás a la del simpático muñeco de madera del cuento clásico.

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