Obama, puras palabras

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

El presidente Obama está nuevamente en campaña y tras el voto latino.

Su reciente apelación al Congreso para aprobar de una vez por todas una reforma migratoria tuvo como destinatario principal a los latinos, sin cuyo apoyo difícilmente ganará la reelección.

Los argumentos esgrimidos por el presidente para ofrecer una vía de legalización a los 12 millones de indocumentados que hay en el país son inapelables. Más que una cuestión moral o humanitaria, una reforma migratoria es un “imperativo económico” que beneficiaría a todos pues aumentaría los ingresos tributarios.

Esto, como bien dijo el jefe de la Casa Blanca, ayudaría a reducir el déficit
presupuestario y eliminaría la explotación de una mano de obra barata que
deprime los sueldos de los demás trabajadores.

Y no sólo eso. Si se aprobara el Dream Act, que daría la oportunidad de
legalizarse a miles de jóvenes que estudian en la Universidad o que sirven en
las Fuerzas Armadas, se podrían aprovechar al máximo sus habilidades y talentos.

Todos estos argumentos, sin embargo, suenan huecos y absurdos, no sólo para un gran número de republicanos, como dice el presidente, sino también para muchos demócratas. La realidad es que, en el tema migratorio, ambos partidos actúan simplemente de acuerdo a los intereses políticos que les convienen en ese momento, nunca impulsados por razones humanitarias y ni siquiera de sentido común.

Y, como todos sabemos, el momento actual no es el más apropiado para impulsar una reforma de migración. Debido a que la economía no ha repuntado de manera sólida y el desempleo a nivel nacional es aún muy elevado, pues no ha bajado del 9%, la mayoría de los políticos considera riesgoso presionar a favor de un cambio en el sistema migratorio. Casi todos han preferido inclinarse por el asunto de la seguridad, que es más fácil de vender porque todos le temen al terrorismo y a la violencia causada por la lucha contra el narcotráfico en México.

Obama lo sabe bien y por ello desde que asumió la presidencia ha expulsado del país a un número récord de indocumentados y ha destinado cada vez más recursos para proteger la frontera. Estas acciones, sin embargo, han tenido un costo: el desencanto de los latinos.

En este contexto, todo indica que el discurso que pronunció Obama a favor de la reforma migratoria tuvo sólo tintes electorales pues quiso demostrarle a los latinos que está con ellos. Hasta ahora, sin embargo, el mandatario lo único que ha demostrado es que a su administración solamente le preocupa acallar las voces de los republicanos que lo han criticado por descuidar la seguridad nacional.

Si realmente quisiera demostrar que está comprometido con el tema migratorio, Obama tendría que hacer algo más que apelar al Congreso a que haga su parte en aprobar la reforma. El presidente tendría que poner el ejemplo y detener las deportaciones masivas que tanto sufrimiento causan a millones de familias. Lo demás son sólo palabras.

***María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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