Obama, en jaque por WikiLeaks

La filtración de cables diplomáticos secretos de Estados Unidos a través de WikiLeaks no podía haber llegado en peor

María Luisa Arredondo.

momento para la administración Obama.

El presidente no sólo tendrá que lidiar ahora con un ambiente hostil en Washington, propiciado por un Partido Republicano que se ha forjado como misión principal obstaculizar todas sus iniciativas para evitar su reelección, sino con un clima externo teñido por el enojo y la desconfianza hacia EEUU.

Las revelaciones de los documentos, que amenazan con crear la mayor crisis diplomática que ha enfrentado el país, han estremecido prácticamente a todo el mundo, desde Madrid hasta Jerusalén y Buenos Aires.

Al descubierto han quedado comentarios embarazosos de los más importantes líderes del orbe, entre ellos varios aliados de EEUU.

En Israel hubo revuelo al saberse que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, apoyó la idea de intercambiar tierras con los palestinos. En Arabia Saudí provocó sorpresa que el rey Abdulah haya pedido a EU atacar a Irán para neutralizar su capacidad nuclear. En Corea del Sur, el diplomático Chung Yung manifestó que la caída de Corea del Norte tendría lugar dos o tres años después de la muerte de su líder Kim Jong Il y que China se sentiría cómoda con una Corea reunificada y controlada por Seúl.

Varios presidentes latinoamericanos tampoco salen bien librados. Los documentos muestran que Brasil sabía de la presencia de las FARC en Venezuela y consideraba a Colombia como fuente de inestabilidad en el área.

Otros cables revelan que los servicios secretos de Cuba están ampliamente desplegados en Venezuela y que asistentes de la presidenta argentina Cristina Fernández pusieron en tela de juicio su estabilidad mental y la consideraban un instrumento de su marido, Néstor Kirchner, quien murió el mes pasado.

Pero sin duda la revelación que ha causado más daño es que el Departamento de Estado, comandado por Hillary Clinton, haya continuado con la política de pedir a los diplomáticos estadounidenses que recopilaran información personal, como tarjetas de crédito y datos biométricos, de funcionarios extranjeros, pues esto los coloca en el papel de espías.

Algunos, como el creador de WikiLeaks, Julian Assange, han pedido la renuncia de Hillary y pronostican que la secretaria de Estado tiene los días contados.

Resulta prematuro, sin embargo, saber si estas acusaciones prosperarán. Por lo pronto, portavoces de esa dependencia han aclarado que Clinton no fue responsable de dar esas órdenes y que éstas procedieron de instituciones fuera del Departamento de Estado.
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Mientras tanto, la administración Obama ha empezado a tomar medidas para prevenir más revelaciones y ha abierto una investigación para castigar a los responsables. No está claro, hasta ahora, si podrá culpar a Assange por las filtraciones, puesto que él se presenta como periodista y, en ese caso, las leyes lo protegen. Sin embargo, en Europa, la Interpol acaba de incluirlo en su lista de los más buscados. Pero, contra lo que pudiera pensarse, no se le busca por espionaje, sino por un supuesto caso de violación.

La madeja, en todo caso, apenas empieza a desenredarse.

**María Luisa Arredondo es editora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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