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Noruega a la vuelta de la esquina

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28 de julio, 2011

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Más allá de la primaria vinculación de Anders Behring Breivik con la ultraderecha noruega, el fundamentalismo cristiano

David Torres.

o la cruzada antiislamista, sobresale su estrecha cercanía con ese fantasma que recorre el mundo contemporáneo convertido en múltiples y cada vez más radicales actitudes antiinmigrantes.

Haber preparado con al menos dos años de anticipación el par de atentados que perpetró el viernes 22 de julio y que costaron la vida a más de 90 personas, lo convierte, en efecto, en un terrorista que actuó con total premeditación, alevosía y ventaja. “Era necesario”, fue su respuesta tras entregarse, según lo reportaron agencias y diversos medios de información el fin de semana a través de su abogado.

Por ello, quienes se encarguen de interrogarlo, no en el ámbito judicial sino en el psicológico para obtener su perfil, tendrán que enfocarse precisamente en esa respuesta, que lo define ya como uno de los asesinos más calculadores y metódicos de la historia, cuyo fanatismo y odio se concentra en dañar al Otro, al que no es como él, un ser lleno de paranoia frente a todo aquel que busca sobrevivir con su familia en otras tierras.

Esa es una de las primeras manifestaciones que experimentan todos los nacionalismos, que en su afán de no permitir la confluencia cultural que ha marcado inevitablemente la historia humana durante siglos, se parapeta en teorías de pureza étnica que derivan en actitudes violentas como último recurso. El nazi-fascismo europeo ya dio su primera lección en el Siglo XX.

Así, el joven noruego acusó a su país, a su sociedad, a sus leyes y políticos de permitir el avance de lo no-europeo, y se sintió “iluminado” y “llamado” a defender al parecer en solitario un concepto antropológico, más que entender una realidad social y migratoria causada por el desequilibrio económico mundial. Las leyes antiinmigrantes que han surgido en Estados Unidos, por ejemplo, tienen ese dejo racial que las mantiene peligrosamente vivas entre amplios sectores de la población.

Por otro lado, el ampararse en la creencia religiosa y refugiarse en partidos con afinidades ideológicas casi siempre antiinmigrantes conforman el círculo donde se cultiva y acumula el odio.

Ese fue el caso de Behring Breivik, a quien además sirvió ese entorno para redactar su “Manifiesto 2083”, donde se ha podido escarbar que tenía como objetivos a aniquilar tanto a periodistas, como a escritores e intelectuales que abogaran, según él, por el multiculturalismo. Y acusa de “traidores” a todos aquellos que, en su opinión, promueven “ideas marxistas” o “feministas”, retomando como pretexto ese añejo capítulo del desarrollo de las ideas que tuvieron, sí, una influencia importante pero no determinante en diversas regiones del mundo.

Hoy el planeta se rige desafortunadamente por otros valores, donde se privilegia al que más hace daño a la cultura y al desarrollo del pensamiento, arrasando puntualmente con tareas que han servido a la humanidad para abrirse paso en su propia evolución, como la actividad periodística, tan golpeada tras el advenimiento no tanto de las nuevas tecnologías “informativas”, como de la necedad de quienes han ordenado los despidos masivos de comunicadores, en su afán por participar en esta nueva etapa depredadora para obtener la máxima ganancia de algo que en realidad no se sabe si la tendrá en el ámbito virtual.

Eso sin contar los nuevos “referentes” del éxito, del dinero y del poder que se han aposentado en la esfera de la delincuencia organizada transnacional, y que han causado miles de víctimas en múltiples regiones del planeta.

Una realidad así, claro, un tipo como Behring Breivik no se atrevería a modificar en la arena de las ideas y del debate sano; antes bien, con su particular y absurdo terrorismo, prefirió explotar un coche-bomba en un edificio de gobierno en Oslo y tirotear a mansalva a jóvenes en la isla de Utoya para llamar la atención mundial en torno de su “revolución” de bolsillo.

Pero al segar la vida de tanta gente dio paso al fracaso de su visión del mundo, la que segura y lamentablemente es compartida y celebrada por muchos más que aún siguen agazapados en las sombras de la impunidad.

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