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México en busca de su camino

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28 de julio, 2011

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La celebración del centenario de la Revolución Mexicana no se perfila con la grandeza de los festejos que caracterizaron

María Luisa Arredondo.

al bicentenario de la Independencia por muchas razones, que van desde la falta de entendimiento hacia este movimiento social hasta la poca simpatía que provoca en muchos miembros de la clase política y la élite económica del país.

Aunado a ello, a diferencia de la Independencia, que se considera como un proceso que culminó con éxito pues se logró el objetivo principal de crear una nueva nación libre y soberana, a la Revolución se le percibe como un movimiento que, pese a sus logros, aún no cumple cabalmente con las expectativas que lo desencadenaron.

En estos últimos cien años, México pasó de ser un país fundamentalmente rural, con 15 millones de habitantes, seis de ellos indígenas monolingües, a una nación eminentemente urbana con 108 millones de personas. Los avances están a la vista. El país se ha modernizado e industrializado, está considerado la economía número nueve en el mundo y tiene una clase media sólida.

Pero es también innegable que son muchos los rezagos que quedan, sobre todo en materia de distribución de la riqueza, de justicia social, de oportunidades educativas y laborales, de legalidad y transparencia en el gobierno y, sobre todo, de inseguridad social.

Hoy, al igual que hace cien años, el país ha entrado en un laberinto de violencia al que no se le ve salida. En 1910, las distintas facciones que reclamaban justicia y se disputaban el poder causaron un baño de sangre que se tradujo en un millón de muertos. La violencia actual es resultado del imperio del crimen organizado y de la incapacidad de las autoridades para acotarlo. Nada ni nadie parece detener a los narcos. Cada captura o caída de un capo genera una ola de violencia cada vez más extendida y brutal.

En este escenario de caos y pasmo, es claro que el gobierno ha perdido el rumbo y busca de manera desesperada una fórmula que le permita recuperar la brújula. En este sentido, llama la atención que, ante el éxito económico y político de Brasil, hace unos días empresarios y funcionarios del gobierno mexicano hayan anunciado que buscarán el consejo de Roberto Mangabeira, catedrático de Harvard y quien fuera ministro de Asuntos Estratégicos de ese país, durante la presidencia de Inacio Lula da Silva.

En una entrevista con el diario mexicano El Universal, Mangabeira apuntó, entre otras cosas, que para empezar a resolver la grave crisis en que está, México debería romper con los corporativismos sindicales y empresariales, acotar los monopolios, modernizar la educación y, sobre todo, entender que lo que realmente destruye al país no es el crimen organizado sino la falta de empleo y oportunidades. Esta carencia es la raíz del auge de la delincuencia y no al revés.

Este es, en resumen, el sabio diagnóstico de un hombre que, en su país, es conocido como el ministro de las ideas, un bien del que carece la clase política mexicana y que, hoy más que nunca, se necesita con urgencia.

**María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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