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México: comicios sin claro ganador

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28 de julio, 2011

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Entre las conclusiones que se pueden extraer de la jornada electoral que se llevó a cabo en México el 4 de julio, sin duda

María Luisa Arredondo.

la más importante es que ningún partido resultó el triunfador absoluto, lo que hace prever una contienda más cerrada de lo esperado para el 2012, cuando estará en juego la presidencia del país.
Si bien el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a través de su dirigente Beatriz Paredes se ufanó de haber ganado nueve de las 12 gubernaturas en disputa, la realidad es que no arrasó, como se había pronosticado, con el famoso “carro completo”.
Las derrotas que sufrió el tricolor fueron más que dolorosas, pues perdió tres estados que habían sido sus bastiones de poder por años: Oaxaca, Puebla y Sinaloa, que en conjunto tienen una población de 11 millones de ciudadanos.
Estas pérdidas, por otro lado, dejaron claro que el PRI, que se había presentado ante el imaginario colectivo como invencible en su carrera para reconquistar la presidencia que perdió en el 2000, en realidad no está tan sólido.
El golpe resulta especialmente grave para el gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, consentido de las mujeres por su atractivo físico. Las derrotas en Sinaloa, Oaxaca y Puebla le afectan de manera directa pues los mandatarios de esos estados, Jesús Aguilar Padilla, Ulises Ruiz y el inefable góber precioso, Mario Marín, formaban parte de la coalición que apoya su candidatura dentro del PRI. El fracaso en esas entidades deja ahora un vacío que podría ser aprovechado por otros aspirantes a la presidencia dentro del tricolor, entre ellos el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones.
Para el presidente Felipe Calderón y su Partido Acción Nacional (PAN) las derrotas sufridas por el PRI representan obviamente un respiro, pues juntos lograron el objetivo de ponerle freno a la imparable carrera de los priistas para recuperar la silla presidencial.
Pero las muestras de euforia que han exhibido hasta ahora están fuera de proporción por un simple detalle: no lo hicieron solos. Para hacerle frente a la maquinaria del PRI, los panistas tuvieron que unir fuerzas con el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), una alianza impensable hasta hace unos meses dadas las profundas diferencias ideológicas que los separan.
Más que celebrar, los panistas tendrían que reflexionar sobre el hecho de que el haber tenido que recurrir a esas alianzas es una prueba irrefutable del serio deterioro que sufre el gobierno de Calderón. La mayoría de la población está cansada de la violencia incontenible que se ha desencadenado desde que el presidente le declaró la guerra al narcotráfico, así como del alto desempleo y de la falta de oportunidades educativas para millones de jóvenes.
El otro elemento que no se puede soslayar es el alto abstencionismo en estados como Chihuahua y Tamaulipas, donde el crimen organizado ha sentado sus reales y amenaza con ser una fuerza paralela cada vez más importante dentro de la vida política.
Ninguno de estos problemas, sin embargo, parece importarle a los partidos políticos. Lo único que les quita el sueño es saber cuántos votos tienen, cuántos perdieron y qué alianzas harán de aquí al 2012 para obtener lo único que realmente los mueve y justifica su razón de ser: el poder por el poder.

**María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de www.latinocalifornia.com

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