La inutilidad del puesto

Primero fue el considerado ‘mano dura’ y ex gobernador de Jalisco, Francisco Javier Ramírez Acuña. Luego el

David Torres.

supuestamente presidenciable y ahora extinto Juan Camilo Mouriño. Posteriormente el abogado-e-iluminado-que-citó-a-dios-hasta-el-final Fernando Gómez Mont. Y ahora un oscuro amigo personal de Felipe Calderón, el ex secretario de Gobierno de Baja California, Francisco Blake Mora. Todos ocupando en su momento un puesto estratégico en la telaraña burocrática de cada Gabinete presidencial en México: la Secretaría de Gobernación (Segob).

Resguardar la seguridad interna de un país no es cosa fácil, máxime cuando en el caso mexicano la delincuencia organizada ha demostrado en la actualidad tener un amplio poder en prácticamente todo el territorio nacional. Cada día, las noticias refieren masacres lo mismo en Nuevo León que en Chihuahua; en Sinaloa que en Tamaulipas; en Oaxaca que en Baja California, Michoacán o Coahuila. Decapitados, baleados, colgados, secuestrados, acribillados junto a sus familias, como la matanza del fin de semana en Torreón… La infinita lista de las atrocidades en los últimos tres años, que coinciden con lo que va del periodo presidencial de Calderón Hinojosa, ha derivado en por lo menos 25,000 muertes, más de 7 mil de las cuales han ocurrido en este 2010.

Pongamos por nombre “Sr. X” a quien sustituya, en algún momento, a Blake Mora, más conocido en los alrededores de su jurisdicción familiar que en el resto de México. ¿Durarán en el puesto, tanto el “Señor X” como Blake Mora? Bueno, eso es asunto de dos instancias que, hasta el momento, no han fallado: la presión de los carteles del narcotráfico, que han derrotado toda posibilidad de gobernar a Calderón, o los tentáculos del pulpo Paul; preguntarle al cefalópodo equivaldría a decantarse por lo seguro, pero las dotes del molusco sólo se han probado en el terreno futbolístico, así que sería más que azaroso contratar las virtudes de su oráculo en el ámbito político.

Y se habla líneas arriba de sustitución por el “Sr. X” porque los mensajes de la delincuencia organizada son muy claros: no se va a dejar derrotar. Una vez que ha demostrado su poder económico y armamentista, sin el menor indicio de negociar, poco le importará quién esté al frente de resguardar la seguridad de los mexicanos, pues, por otro lado, la táctica que ya le funciona hasta la saciedad a los carteles es el terror generalizado.

La forma como “festejó” la salida de Gómez Mont de la Segob eso que se ha dado en llamar delincuencia organizada, no tiene paralelo más que en naciones donde el narcoterrorismo se ha hecho presente para quedarse permanentemente: la explosión de un coche-bomba en Ciudad Juárez el pasado jueves 15 de julio, mientras agentes policiacos revisaban la escena de un crimen, un señuelo mortal con explosivo C-4 que se cobró la vida de cuatro personas. El incidente no sólo inaugura una nueva etapa en la escalada de violencia en México, sino que cumple con el fin de extender la psicosis colectiva.

En su libro Gomorrah, el periodista Roberto Saviano desentraña las formas como ha operado la Camorra, atenazante organización criminal de Italia, para controlar básicamente el sur de ese país europeo, tanto sus millonarias transacciones comerciales a través del narcotráfico, como la siempre floreciente industria del lavado de dinero, además del inacabable tráfico humano, materia prima de submafias internacionales, que lo mismo tienen conexiones en Ukrania, que en Nueva York, en la Ciudad de México que en Seúl y en prácticamente todo el orbe. El ámbito gubernametal no ha quedado intacto en aquella nación europea: la infiltración de la mafia ha obligado a disolver ayuntamientos sureños, además de llevar a juicio o investigar a consejeros coludidos.

Esa radiografía de la Italia actual le ha valido a Saviano ser amenazado de muerte por haber revelado detalles de todo tipo de operativo, con nombres de integrantes de la Camorra, una de las organizaciones criminales más brutales de que se tenga conocimiento y que sigue operando sin problema. Por otro lado, hace unos días, por cierto, se realizó una redada en la que cayeron unos 300 miembros de la N’drangheta, otro peligroso grupo delincuencial que azota a Italia, y cuyos tentáculos ya se han identificado en territorio mexicano.

“Italia es un país malvado para vivir en él”, dijo en una entrevista a un medio europeo este escritor napolitano que vive bajo protección en paradero desconocido después de la publicación de su primer libro. Vale la pena tomar en cuenta su experiencia.

Es cierto, nadie se atreve a cuestionar a quien supera en armamento al Ejército, y sobre todo cuando la falta de referentes nacionales ha hecho entrar en un desánimo absoluto a la población mexicana, especialmente a las jóvenes generaciones. Sumir en el terror a una nación es el objetivo primordial de ese Estado paralelo que ha creado el crimen organizado. Los ejemplos de Italia, Líbano o Colombia, por citar algunos países atormentados en su momento, son sintomáticos para entender que lo que sucede en México no se trata de una escena de Elliot Ness y sus Intocables en Chicago durante los años de la prohibición del alcohol, sino de un plan más amplio en el que nadie escapa a su concepción global como un todo macabro que se adapta al devenir contemporáneo, tal como otras mafias lo hicieron en siglos pasados.

Un camino similar se ha estado trazando día a día en México. Por ello, el puesto de secretario de Gobernación parece que ha caído en desuso, en la inutilidad que le ha asestado la violencia, misma que se traduce en la absoluta inseguridad de la población.

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