Incertidumbre migratoria

David Torres.

Si se mira bien, lo que en el fondo busca una ley como la SB1070 en Arizona va más allá de la tipificación estrictamente delictiva de los inmigrantes indocumentados. Si fuera sólo esto último, hace mucho tiempo que miles de personas de prácticamente TODAS las nacionalidades que viven sin documentos migratorios en ese estado (y en todo el país) habrían pasado por la mala experiencia de ser deportadas hace ya bastantes décadas.

No ocurre, claro está, porque de por medio se encuentra el sentido común y la conveniencia económica, al amparo de la hipocresía política. Pero estos elementos quedan rebasados cuando los componentes de todo sistema de intolerancia se ponen en juego, cada cierto tiempo, a partir de una estrategia bien orquestada, en la que incluso se utiliza el aparato legal para que el rechazo por xenofobia no parezca un acto poco civilizado.

En efecto, desde que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, firmó la ley el viernes 23 de abril pasado para entrar en vigencia el jueves 29 de julio se han podido identificar esos otros aspectos que no incluye visiblemente la citada nueva normativa migratoria.

En primer lugar, ha tendido a dividir no solamente a la población nativa de Arizona, sino de todo Estados Unidos; en el primer caso, de hecho, alrededor del 55% la apoya, según encuesta del periódico Arizona Republic. Y no sólo eso: no faltan miembros de las diversas comunidades hispanas que también se decantan por condenar sin miramientos a quienes se encuentran en la zozobra de la incertidumbre. Es seguro que cada uno de nosotros como inmigrantes ha tenido ya su propia microbatalla al respecto con otros hispanoamericanos, lo que no refleja otra cosa más que una válida, pero al mismo tiempo lamentable y paradójica separación. Parodiando a Don Pedro Calderón de la Barca: “Todo es según el color de la green card con que se mire”.

Por otro lado, es evidente el pánico que al cambio demográfico le tienen vastos sectores sociales en Estados Unidos, no sólo en Arizona. Bloquear la expansión cultural es algo que pretende también la SB1070. El amedrentamiento no únicamente por el estatus migratorio sino por el origen y el estrato social del inmigrante tiene la intención de inhibir el que se consideren las ciudades o suburbios arizonenses como destino de los que vienen de otros países “sin papeles”. Léase, México.

Y es curioso, pero el núcleo de indocumentados en que se enfocan todas las condenas compone apenas el 7.5% de la población de ese estado, que tiene alrededor de 6.5 millones de habitantes, según datos del Censo. De ese grupo carente de documentos migratorios, alrededor de medio millón son de origen mexicano. ¿Qué amenaza “migratoria” puede representar una comunidad que ha estado presente con su idioma y sus costumbres desde el Siglo XIX, prácticamente en tres centurias diferentes?

Más allá de los perjuicios económicos que ya se notan, lo que asimismo conlleva esta ley es el quebrantamiento de toda posibilidad de organización estrictamente laboral; el temor a exigir el respeto a un salario digno o a un trato más igualitario en función de los Derechos Universales del ser humano será parte de la bifurcación de la sociedad que permanezca, además de orillar al que se encuentra en esa situación a preferir no usar servicios básicos como escuelas, hospitales o incluso parques y bibliotecas.

¿Qué clase de cuerpo psicosocial pretende crearse en el seno de la población estadounidense a partir del protagonismo jurídico de leyes como la SB 1070?

Antes fueron los indígenas, hasta quedar prácticamente exterminados; luego los afroamericanos en el contexto de la esclavitud; en su momento el rechazo fue hacia las comunidades asiáticas; los irlandeses y los italianos también padecieron el ninguneo; un poco más tarde los mexicanos durante la llamada Década de Traición; continuaron nuevamente con los afroamericanos con el régimen de segregación (que, no hay que olvidar, hace apenas unas cinco décadas aún tenía vigencia)… y ahora, de nueva cuenta, los indocumentados que provienen del país vecino del sur, a los que se culpa de todos los males, en este caso de Arizona.

Tal parece que la historia de las migraciones mundiales no es una de las áreas de estudio que más interese en este país, cuya tendencia a interpretar un fenómeno sólo en sus extremos deriva en la estrechez incluso filosófica con que pretende defender su “estabilidad”.

El poeta griego Constantino Kavafis resumió esa realidad en uno de sus poemas más visionarios de los desplazamientos humanos: «Esperando a los bárbaros».

El vacío social, en algún momento, le hará a esta nación tocar la puerta de sus vecinos del otro lado de la frontera y preguntar, extrañada: “¿No van a venir? Los estamos esperando”.

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