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Hank, Sicilia, Chicharito

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28 de julio, 2011

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Las sorpresivas y multitudinarias manifestaciones a favor del empresario y exalcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon,

David Torres.

luego de su arresto la madrugada del sábado 4 de junio, contrastan con la pléyade de solidarios acompañantes que caminaron hombro con hombro al lado del poeta Javier Sicilia en la denominada Caravana por la Paz, la Justicia y la Dignidad, así como con las muestras de entusiasmo de los admiradores de Javier “Chicharito” Hernández en cada uno de los goles que anota, sobre todo con la Selección Mexicana de futbol.

A través de estos personajes, al menos tres Méxicos –con diversos rostros de país–, se expresan independientes y paralelos con objetivos muy concretos, precisos, y que muestran fehacientemente ante el espejo de la realidad actual mexicana la fractura social que se automanifiesta en su propia y bifurcada perspectiva.

Además de las antiquísimas sospechas de vínculos con la delincuencia organizada que han pesado durante años contra el ingeniero Hank Rhon –sin prueba alguna hasta el momento, salvo la vinculación con homicidios de dos de sus armas decomisadas, según la PGR–, pende por ahora la acusación de acopio de armas de fuego, 48 de las cuales eran de uso exclusivo del Ejército, con base en el arsenal incautado en el interior de su residencia en el fraccionamiento Puerta de Hierro, en Tijuana. Años atrás, en 1988, personal a su servicio (Antonio Vera Palestina) fue acusado de dar muerte al periodista Héctor Félix Miranda, alias ‘El Gato’, por lo que desde entonces el semanario “Zeta”, para el que trabajaba la víctima, lo ha señalado como autor intelectual de dicho asesinato, publicando en cada número un desplegado, con nombre y apellido. Digamos que se le ha identificado con el símbolo de la maldad y con lo más podrido de la corrupción en México, sea cierto o no.

Aun así, una gran cantidad de personas, con pancartas en mano y a voz en cuello, le muestran su respaldo públicamente, a sabiendas de la trayectoria de su dinastía familiar y de su codeo con el poder político y económico, que data desde su ya fallecido papá, el maestro Jorge Hank González, exgobernador del Estado de México, y a quien se le adjudica la frase “un político pobre es un pobre político”.

A Javier Sicilia le mataron a su hijo Juan Francisco Sicilia Ortega, de 24 años de edad, el pasado 28 de marzo, en el estado de Morelos. Desde entonces, la indignación y la búsqueda de justicia se han ido transformando en una voz pública cada vez más fuerte y que ha encontrado eco no solamente dentro de México sino en otras partes del mundo.

Su arribo junto con la Caravana de la Paz, la noche del 9 de junio a Ciudad Juárez, considerada la más violenta de toda la República Mexicana, ha significado un triunfo, si bien simbólico, de las nuevas fuerzas vivas que el autor de, entre otros libros, “Tríptico del desierto” (poesía) y “El bautista” (novela), ha despertado con su movimiento y con su palabra. “Estamos hasta la madre” es el grito de batalla emanado de la voz y de la pluma del también colaborador del periódico “La Jornada” y de la revista “Proceso”, frase que engloba el sentir de vastos sectores de la población mexicana que han sido víctimas de un ancestral ninguneo y sometimiento, pero que han visto una nueva luz en el movimiento de Sicilia para convertirse en protagonistas de una historia que encuentra su dicotomía momentánea ya no solo en el ámbito de la delincuencia organizada, sino de la conciencia organizada que busca un cambio de raíz de toda una nación.

La firma del Pacto Nacional Ciudadano en Ciudad Juárez la noche del 10 de junio (cuando se cumplían 40 años del llamado “Halconazo”, otro oprobioso capítulo de sangre y represión en la Ciudad de México durante el gobierno de Luis Echeverría), que exige a través de diversos puntos al gobierno de Felipe Calderón el cese de la violencia, es un paso más, enorme, en la transformación que necesita el país para salir de un letargo que le han impuesto las clases y élites político-económicas durante decenas de años, las cuales no han construido más que una “aldea” de 60 millones de pobres-pobres, a pesar de la riqueza cultural e histórica que emana de esa gran nación y de su pueblo. A esas élites nada les importa, abandonando con su actitud y cobardía a su suerte a tantas generaciones que pudieron hacer de su país uno de los mejores del mundo en productividad, en educación, en economía.

“El Chicharito”, por su parte, más que un típico y burdo desfogue distractor de las masas, se ha convertido en un aliciente para quienes aún creen en las posibilidades de un desarrollo personal, en este caso a través del deporte, para conseguir si no el éxito internacional, sí cuando menos el beneficio de la duda de un porvenir sano, fuera de los círculos de la corrupción, de las drogas o de las organizaciones delictivas que han ido ganando mucho más terreno en los últimos años, con el agravante de tener contabilizadas más de 40 mil muertes en una “guerra” que cuando menos el gobierno no va ganando, con lo que la autoridad se convierte en poca garantía de protección nacional; antes bien, compromete el futuro de varias generaciones que quisieran ser como Javier Hernández, por qué no, por derecho propio.

¿Cuál de estos tres Méxicos que más se destacan actualmente a nivel internacional es el que prevalecerá? ¿El de la corrupción, el de la lucha social o el de las ilusiones sanas y personales? Sí, ha habido ejemplos de sobra de esos Méxicos a lo largo de su historia, que no se agotan y que lo definen y transforman cada cierto tiempo, pero que no lo elevan aún al rango que ya merece; antes bien, su presente lo ha dejado solo, como un país emigrante de sí mismo y en eterna construcción que busca una frontera común solamente en sus referentes inmediatos.

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