Frenos de la recuperación

Una de las razones por las que la recuperación de la economía en Estados

Roberto Alvarez-Quiñones.

Unidos no agarra el impulso que todos anhelamos es que el factor principal
que desató la peor recesión económica que ha padecido la nación en 80 años
anda todavía con muletas: el mercado inmobiliario.
Convertido en una burbuja gigante que no vio siquiera el entonces zar de
la economía, Alan Greenspan — según admitió meses después de ser
sustituido por Ben Bernanke–, y que otros muchos no quisieron ver porque
estaban ganando dinero fácil a manos llenas, ésta le explotó a todos en la
cara como un globo de cumpleaños.
Lo peor es que el terremoto inmobiliario no sólo sumergió al país en la
crisis, sino que ahora torpedea el tímido y muy lento proceso de
reactivación económica. Al derrumbarse el valor de las viviendas EEUU se
hizo más pobre de pronto –o menos rico, según se quiera ver—debido a que en
este país el 67.8% de las familias (llegó a ser de casi 69% en 2005) son
propietarias de sus casas y tienen en la plusvalía acumulada por su
vivienda la principal riqueza neta patrimonial. Estamos hablando de unos
250 millones de personas

Según el Banco de la Reserva Federal (FED) la riqueza neta de las
familias en EEUU cayó brutalmente en $17.5 billones (millones de millones)
desde el pico de $65.3 billones alcanzado a mediados de 2007 hasta situarse
en $47.8 billones a principio de 2009, para un descenso de un 25.5%, debido
al desplome del valor de las viviendas. Este descenso fue equivalente en
valor al Producto Interno Bruto (PIB) de EEUU, que cuadruplica al de Japón,
el PIB que le sigue en el mundo.
Para comprender mejor esto imaginémonos un caso hipotético. Juan,
inmigrante que tiene un buen empleo en Los Angeles es propietario de una
casa en Covina que a principios de 2007 tenía un valor en el mercado de
$460,000. Además, él tenía fondos mutuos por $4,000 y unos $25,000 en una
cuenta IRA para su retiro, o sea, poseía activos por $489,000. Debía
$215,000 de su hipoteca, $12,000 de su automóvil, y $11,000 en tarjetas de
crédito, para un total de $238,000 en pasivos (deudas). Si a los activos
les restamos las deudas vemos que la riqueza neta de Juan y su familia
era de $251,000.
Pero vino el tsunami inmobiliario y hoy el valor de mercado de la casa de
Juan es de $230,000. Asumiendo que él y su familia no hayan ensanchado
sus deudas, y que pagó al banco otros $25,000 de su hipoteca y ahora debe
$190,000, el patrimonio familiar es actualmente de $46,000. Perdieron
$205,000 de un plumazo. Y pongo un ejemplo “benévolo” en el que el
propietario de la vivienda conserva su trabajo y su deuda hipotecaria con el
banco es menor que el valor de su casa.
Hay una ley psicológica y económica a la vez que no falla: cuando una
persona se siente amparada por una riqueza en activos, aunque sea
“virtual”, consume, gasta, y se endeuda. Pero cuando dicha “protección”
financiera cae a niveles mínimos, o desaparece, siente mucho temor y sufre
de artrosis severa a la hora de abrir la billetera o usar su tarjeta de
crédito.
En EEUU eso es grave, porque aquí el gasto de los consumidores es la
gallina de los huevos de oro, pues genera el 70% del PIB. De manera que
cuando el consumidor se sabe más pobre y obviamente gasta menos está
obstaculizando, incluso frenando la recuperación de la economía.
Y todo deviene un círculo vicioso cuasi diabólico: como los consumidores
gastan menos la economía no se reanima, y al no reanimarse no se
contratan más trabajadores y continúa alta la tasa de desempleo, que es
otra de las grandes fuerzas retrógrada que impide una sólida reactivación
económica y que alimenta el drama de los “foreclosure”, que a su vez impiden
que los valores y las ventas de viviendas vuelvan a su cauce normal.
Aunque de acuerdo con la Asociación Nacional de Agentes de Bienes Raíces
(NAR) desde mediados de 2009 el valor de las viviendas y demás bienes
inmuebles ha venido subiendo discretamente, el gobierno federal estima que
aún debe subir otro 21% para que la riqueza familiar en EEUU vuelva a
alcanzar el nivel que tenía antes de la recesión, en diciembre de 2007.
Pero el problema es más complicado. Las empresas en EEUU no están
contratando más empleados como para restablecer el volumen de la nómina que
tenían antes de la crisis. Las que contratan trabajadores lo hacen a
cuenta gotas, o abren plazas de empleos a tiempo parcial (“part time”). Ello
significa que los nuevos contratados son insuficientes todavía, o ganan muy
poco porque laboran sólo media jornada.
En resumen, a mi modo de ver hay tres pesos pesados clave –pero no son los
únicos– que conspiran contra la recuperación económica en Estados Unidos:
1) El país no se ha recuperado de la pobreza que causó el desplome del valor
de las viviendas y la gente sigue gastando poco. 2) El desempleo es aún
alto y quien no tiene trabajo no puede consumir como Dios manda. 3) Los
nuevos trabajadores contratados no son suficientes en número, o ganan muy
poco, como para hacer funcionar con fuerza el motor principal que mueve la
enorme economía estadounidense.

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