Fascinación por las armas

María Luisa Arredondo.

A raíz del tiroteo registrado el 8 de enero en Tucson, Arizona, en el que seis personas murieron y otras 13 resultaron heridas, entre ellas la legisladora demócrata Gabrielle Giffords, algunos abrigaron la esperanza de que esto sirviera para imponer más controles al uso y venta de armas de fuego. Después de todo, como dijo el líder republicano John Boehner, el ataque contra Giffords fue un ataque contra los congresistas en general.

Todo indica, sin embargo, que nada cambiará.

Las propuestas presentadas por los miembros del Congreso en los últimos días están lejos de imponer controles severos. En su mayoría se trata simplemente de pequeños cambios que afectan a grupos reducidos o buscan corregir algunos vacíos legales.

El senador demócrata de Nueva York, Charles Schumer, propuso, por ejemplo, un plan para exigir que los militares informen al FBI si un aspirante a formar parte de sus filas es rechazado por el uso excesivo de drogas. En su opinión, una política de este tipo hubiera evitado que Jared Loughner, el acusado de ser el autor del tiroteo en Arizona, hubiese adquirido un arma, puesto que había sido rechazado por el ejército.

Por su parte, la legisladora demócrata Carolyn McCarthy, de Nueva York, quiere que se prohíba la venta de paquetes grandes de balas como los que se utilizaron en la matanza de Arizona para que los agresores tengan que cargar con más frecuencia las pistolas y ello le dé tiempo a las autoridades para someterlos.

En entrevistas recientes, tanto Schumer como la senadora demócrata Dianne Feinstein, reconocieron que es muy poco lo que se puede hacer en Washington para luchar contra la cultura de las armas, que avanza de manera inexorable.

Varias entidades del país consideran ampliar de manera significativa los derechos de quienes portan pistolas. En Arizona, por citar un caso, se discute una ley que convertiría al estado en el segundo, después de Utah, que permite llevar armas escondidas en los campus universitarios.

Para los sectores que están a favor de las armas, ninguna tragedia provocada por éstas justifica impedir o coartar su uso. Por el contrario, es una motivación para adquirirlas, como lo demuestra el hecho de que, a raíz del tiroteo de Tucson, la venta de armas en Arizona se incrementó un 60%, según el FBI.

Ted Novin, vocero de la Fundación Nacional Deportiva de Tiro dijo recientemente en el show anual que cada año celebra la industria de las armas en Las Vegas, que los legisladores cometerían un grave error al ligar matanzas como la de Arizona con las leyes que regulan la venta y el uso de las armas.

No obstante, esta semana acabamos de ser testigos de otra consecuencia trágica de la fascinación por las armas, debido a que dos estudiantes de una preparatoria en Los Angeles resultaron heridos por una pistola que al parecer se disparó accidentalmente.

Para los legisladores, sin embargo, estos hechos no justifican que deban cambiar su manera de pensar . Tal parece que sus corazones y su voluntad política están más orientados a proteger los intereses de la industria de las armas, que los de sus representados.

María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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