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Entrevista con Monsiváis

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28 de julio, 2011

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Tuve el privilegio de entrevistar a Carlos Monsiváis durante una de sus visitas a Los Ángeles. Lo encontré una noche de

María Luisa Arredondo.

noviembre de 1996, sentado frente a la mesa de un pequeño restaurante mexicano en la Placita Olvera, ataviado con su imprescindible chamarra de mezclilla y la mirada tras los lentes curiosa, ávida de explorar el alma de los inmigrantes mexicanos que decidimos afincarnos en Estados Unidos.
“¿Por qué decidió venir a este país?”, me inquirió con un interés que me sorprendió. A esta pregunta se sucedieron varias más sobre mi vida en Estados Unidos. De esta forma, los papeles se intercambiaron y, por unos minutos, pasé de ser entrevistadora a entrevistada. Fue para mí una conversación inolvidable, dominada por la lucidez y fina ironía de Monsiváis. Al final me obsequió una luminosa cátedra sobre su vision del México de ese entonces, en el que gobernaba Ernesto Zedillo, y era cada vez más preocupante el flujo de indocumentados mexicanos hacia el norte.
Para Monsiváis, el origen del fenómeno de la migración tenía que ver, en primer lugar, con una política fallida. “La estrategia económica del gobierno ha olvidado por completo los derechos de las mayorías y les ha hecho inefectiva su condición de mexicanos al negarles el derecho al trabajo, a la educación, a la cultura, a la vida política sana, a la democracia”.
Pese a la urgencia de un cambio (en esos momentos estaba aún lejos de aparecer la figura del panista Vicente Fox como candidato fuerte a la presidencia) el escritor expresó su escepticismo de que ello pudiera ocurrir, al menos en el corto plazo.
“De lo único que estoy seguro”, me dijo, “es de que el PRI debe acabar. Pero no va a dejar gustoso el poder. Puede acusárseme de ateo, pero no creo en milagros”, manifestó en tono de sorna.
Y abundó:
“El PRI va a querer aferrarse al poder hasta el último minuto pero el país necesita la alternancia, necesitamos que llegue el que gane y esto implica cambios muy serios en el proceso electoral”.
Contundente, Monsiváis agregó que lo más triste para México era que ninguno de los partidos políticos representaba una esperanza para resolver los problemas ancestrales del país.
“Para mí ninguno es una verdadera alternativa. Voy a votar por el PRD porque me he propuesto siempre votar por la opción más cercana a la izquierda, no porque me convenza. El PRD tiene militantes formidables, pero le falta un programa, organización y dejarse ya de ese discurso populista sin sentido y sin contenido. En cuanto al PAN, siempre me ha parecido una alternativa retrógrada y autoritaria”.
Haciendo eco del clamor casi generalizado de que se produjera un cambio democrático y se terminara con la impunidad, el escritor y ensayista subrayó que se necesitaba con urgencia un examen real tanto de la conducta política como de la estrategia económica del país y que se enjuiciara a quienes habían manejado de manera tan irresponsable a México, como el caso de el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
Reconoció, sin embargo, que esta demanda era imposible de cumplir:
“Creo que lo más que se le puede pedir al presidente [Zedillo] es que se dé cuenta que gobierna a una nación de pobres, no a un sistema de ponencias para la Universidad de Yale. Que deje de regañar a los que lo critican y entienda que el modelo económico que ha aplicado es el más rígido, monótono e improductivo que existe y por eso sólo ha agravado los problemas”.
Sobre los movimientos armados, precisó que no creía en ellos porque “ofrecen una salida inviable, dolorosa y sangrienta como es el caso del EPR”.
Por lo que toca al EZLN, dijo que esperaba que se convirtiera en una fuerza nacional pacífica.
Con su característico sarcasmo, Monsiváis afirmó que, además del PRI, el otro gran causante de las calamidades de México era el clero.
“La Iglesia Católica ha tenido mucho éxito en multiplicar nuestros problemas al oponerse al control de la natalidad. Yo felicitaría a los obispos porque siempre les parecen pocos los problemas y entonces hacen campañas para multiplicarlos”, manifestó con una sonrisa traviesa.
El cronista de cronistas se dio vuelo, además, hablando de uno de sus tópicos favoritos: la difícil relación que existe entre los mexicanos de allá y los que emigramos y refirió que el origen del conflicto se remontaba a principios del siglo pasado.
“Desde tiempos del Porfiriato a los emigrantes se les consideraba como un grupo de prófugos, de fanfarrones, muy dados a mostrar su contacto con los Estados Unidos y alejados de lo que se creía era la mexicanidad estricta. El pocho y más tarde el pachuco son personajes ridículos, ataviados con camisas floreadas y lentes oscuros que tratan de ser gringos sin serlo y por ello terminan representando una parodia”.
Esta percepción, según el ensayista, empezó a cambiar a partir del movimiento chicano de los 60, cuando surgió interés y solidaridad por este sector, hasta derivar en la visión actual que considera a los emigrantes como un modelo a seguir por la crisis que agobia a México.
El escritor manifestó que a pesar de la importancia que tienen los mexicanos que viven en EEUU para la economía mexicana, por los dólares que mandan, el gobierno no se ha preocupado por ellos, ni siquiera en tiempos de histeria antiinmigrante. Muestra de ello, aseguró, “es la tibia respuesta que se dio ante la Proposición 187”.
Pese a este desdén, el autor de “Los rituales del caos” y “Días de guardar”, celebró que se empezara a notar en la clase política mexicana un ligero cambio hacia los mexicanos radicados en EEUU, patente en la aprobación de una ley para otorgar el voto a los mexicanos en el extranjero.
“Este hecho”, pronosticó con increíble claridad, “va a modificar radicalmente la visión que se tiene de ellos porque van a pasar de ser personajes distantes a clientela política y eso va a obligar a una relación mucho más directa, intensa y permanente”.
Hoy el recuerdo de esa entrevista cobra un nuevo y doloroso simbolismo. Monsiváis nos ha dejado. Pero su sabiduría, su solidaridad con los de abajo, su pasión por la palabra, su honestidad intelectual y su pensamiento combativo se han quedado para siempre con nosotros.
Comentarios a: mlarsa@sbcglobal.net

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