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El Tri, en casa fuera de México

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28 de julio, 2011

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En ambos lados de la frontera, millones de mexicanos aún saborean el triunfo de su selección frente a la de Estados

María Luisa Arredondo.

Unidos el pasado domingo en Pasadena. Fue una victoria contundente, irrefutable, que le permitió al equipo mexicano coronarse como el campeón de la Copa de Oro con el apoyo avasallador de más de 80 mil almas que hicieron sentir a los estadounidenses extraños en su propia tierra.

La situación es, definitivamente, insólita. No existe en el mundo ningún otro país en el que un equipo que juega en su casa se encuentre con que las porras, las cornetas, los cánticos y las banderas ondeando son muestras de apoyo para el equipo extranjero. Como era de esperarse, el fenómeno ha despertado no sólo la sorpresa sino la incomodidad y definitivamente el rechazo de miles de estadounidenses que se quejan no sólo de este apoyo abrumador sino de los abucheos y rechiflas que tuvo que tolerar su equipo.

En blogs y portales especializados en deportes, el enojo ante estas expresiones ha desencadenado una ola de sentimientos xenofóbicos y antiinmigrantes. Con este pretexto han resurgido las consabidas consignas de los extremistas que, entre otras cosas, acusan a los mexicanos de ingratitud y traición por lo que llaman a cerrar las fronteras, deportar a los indocumentados, negar cualquier posibilidad de una reforma migratoria, impedir que se hable el español, etc. etc.

Sobra decir que todas estas reacciones son exageradas y están totalmente fuera de contexto. En primer lugar, hay que subrayar que se trata sólo de un partido de futbol, no de una declaración de guerra entre dos países. En segundo lugar, el hecho de que alrededor de 80 mil de los 93 mil espectadores fueran fanáticos del Tri obedece no solamente a una realidad demográfica sino a que a la mayoría de los estadounidenses sigue sin importales el futbol soccer. Por otra parte, si bien es cierto que abundaron los abucheos y las rechiflas, hay que entender que esto es parte del ambiente en cualquier encuentro deportivo. Finalmente, quienes se rasgan las vestiduras ante estas expresiones, harían bien en preguntarse cuál es el trasfondo de ellas, especialmente en estos tiempos en los que no es nada fácil ser inmigrante y mexicano en este país.

Pese a ello, no se justifica, desde luego, que en estos partidos la gente se mofe o le falte al respeto al himno nacional. Es una conducta deleznable y no dudo que algunos dentro del estadio hayan caido en ese error. Pero, según los testimonios de muchos que acudieron al Rose Bowl, la inmensa mayoría se abstuvo de este tipo de comportamiento, por lo que no es justo que se culpe a todos por las fallas de unos cuantos.

A mi juicio, lo ocurrido el pasado domingo en el Rose Bowl es simplemente una expresión más del inobjetable avance de la comunidad mexicana en Estados Unidos. El problema, para muchos, es simplemente que ésta es una realidad difícil de aceptar.

***María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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