El fin de la clase media

María Luisa Arredondo.

Hasta diciembre de 2007, el pertenecer a la clase media era una meta relativamente fácil de alcanzar en Estados Unidos. Con disciplina, acceso al crédito y trabajo duro, al cabo de unos años era posible adquirir la mayoría de los bienes asociados a ese sector: auto, casa propia, seguro médico, vacaciones y, con un poco más de sacrificio, incluso ahorros para el retiro.
La recesión que estalló hace ya casi tres años terminó de tajo con esas aspiraciones para millones de familias que, de la noche a la mañana, se han encontrado con que Estados Unidos ha dejado de ser la tierra de las oportunidades para ellos, sin importar qué tan preparados estén o qué tanto empeño pongan en su trabajo.
Este país, que por años se ufanó de albergar a la clase media más numerosa y próspera del planeta, ahora se parece cada vez más a los del tercer mundo, donde prácticamente solamente existen ricos y pobres y la brecha entre ambos es cada vez mayor.
Un reciente artículo escrito por Michael Snyder, editor del blog the economiccollapseblog.com, da a conocer estadísticas por demás reveladoras: el 83% de todas las acciones en Wall Street pertenecen al 1% de la población, el 61% de los estadounidenses vive al día, el 36% no puede ahorrar para su jubilación, el 43% tiene menos de 10 mil dólares para su retiro y más de 1.4 millones de personas se declararon en bancarrota en 2009, en comparación con el 32% que lo hizo en 2008. Y un dato que me llamó particularmente la atención: el 10% de los estadounidenses obtiene el 50% del ingreso nacional.
Todo indica, por otra parte, que la situación no mejorará, al menos en el corto plazo. Aunque la Casa Blanca insiste en que la economía está en franca recuperación y cita indicadores como el fortalecimiento del sector manufacturero, el crecimiento de las ganancias de las corporaciones y la inexistencia de la inflación, las malas nuevas opacan estos logros.
El problema más grave es que el desempleo se mantiene en niveles sumamente altos: alrededor del 9.6%. El número de desocupados por más de seis meses asciende a casi 7 millones y un millón más ha dejado de buscar trabajo. Por si fuera poco, la ola de embargos no se ha detenido y más de 40 millones dependen de estampillas de comida.
Más preocupante aún resulta el hecho de que, aunque la economía se recupere, la clase media difícilmente volverá a tener el mismo vigor.
La razón, como bien apunta Snyder, se debe esencialmente a la globalización, que ha puesto a competir a los trabajadores estadounidenses con la fuerza laboral de países con estándares salariales tan bajos como los de Camboya, donde un trabajador de costura gana 22 centavos de dólar por hora.
Esta desigual competencia se incrementará cada vez más por la sencilla razón de que resulta altamente rentable para las grandes corporaciones, que son en realidad las que dictan las políticas económicas. Nadie, por lo que se ve, defenderá a los grandes perdedores en este juego de ajedrez que son los trabajadores de clase media, quienes día tras día pasan a engrosar las filas cada vez más nutridas de los que nada tienen.

María Luisa Arredondo es editora ejecutiva de Latinocalifornia.com

Comentarios a: mlarsa@sbcglobal.net

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