how to treat alopecia

Facebook
Twitter
Google +1
LinkedIn

A todos nos consta

|

28 de julio, 2011

|
A todos nos consta

David Torres.

Por David Torres

“No entiendo lo que está pasando o no está pasando lo que antes entendía”. Insuperable, contundente, precisa: la frase, que este redactor logró apuntar al vuelo mientras veía hace unos meses la retransmisión en Los Ángeles de una entrevista rescatada por la televisión cultural mexicana, tal vez fue acuñada por Carlos Monsiváis en un momento de mera reflexión satírico-metafísica; o bien, como acostumbraba, de pura y simple franqueza ante la siempre irónica y entreverada realidad mexicana.

En cualquiera de los dos casos, pensamientos similares provocaban una risa abierta e inmediata como la mejor de las catarsis ante la ignominia del poder, como ocurre con los aforismos monsivaístas reunidos por sus colaboradores más cercanos en “Ayúdate que Dios te ayudará”, publicado de manera póstuma. Un par de estos dice: “Un Primer Mandatario no tiene derecho a la infelicidad, para eso están los gobernados”; “Un dictador revolucionario no es aquel que aspira a no irse del poder, sino aquel que no convence a los turistas revolucionarios del sacrificio que hace perpetuándose en el mando”. Y así por el estilo.

Un año después de su muerte, ocurrida el 19 de junio de 2010, sus lectores extrañamos no solamente ese tipo de juegos lingüísticos, sino el proceso de desnudamiento de los abusos del poder, un poder que en su ejercicio –o perjuicio social como marca registrada— se ha decantado invariablemente por invisibilizar aún más a los sectores menos atendidos.

Su columna “Por mi madre, bohemios” era precisamente el balcón público más amplio donde se exhibían las barbaridades de los gobernantes, con su buena dosis de sarcasmo. Con su ausencia, salvo excepciones, esa parte de la crítica sin contemplaciones ha quedado coja, manca, ciega, sorda y muda; antes bien, solamente permanece anclada en este momento, como vicio sexenal, a lo que va marcando el momento político previo a las elecciones de 2012 en México.

Por ello, el pensamiento y las reflexiones que permean aún hoy las legendarias crónicas y los ensayos de Monsiváis publicados en diarios y revistas cobran una vigencia absoluta para analizar el tipo de país que retrató con su palabra y entender el porqué, como el dinosaurio del cuento de Monterroso, sigue ahí con sus problemas ancestrales, a los que se vino a sumar otra especie de ritual del caos: la narcoviolencia, que al autor de “A ustedes les consta” también le tocó ver.

En efecto, uno puede releer cualquiera de sus libros, desde los clásicos “Días de guardar” o “Amor perdido”, hasta los que sus colaboradores y editores publicaron tras su muerte (“La cultura mexicana en el Siglo XX”, de El Colegio de México, por ejemplo), y ahí se encontrará la riqueza periodística de un cronista que además de seguir la tradición decimonónica en cuanto a género se refiere, vislumbró un legado involuntario de Literatura, al mismo tiempo que de recuperación histórica, lista para la consulta y el dato correcto.

Sin ser precisamente microhistoria, el conjunto de sus textos (tanto los de análisis literario como los de reflexión sobre temas políticos, strictu sensu) conforman una macroaula donde el A,B,C del México contemporáneo ha pasado a convertirse en una cátedra obligatoria para quienes deseen, en verdad, entender los innumerables porqués de una sociedad a la altura de sus propias circunstancias e injusticias, logros y retrocesos, aspiraciones y frustraciones. O quizá con él descubrir por qué, como bien lo expresó sin tapujos, “el Estado mexicano es consecuente con su tradición de excluir a las mayorías del conocimento”.

Hace falta Monsiváis, por supuesto. Su ausencia, sin embargo, no es excusa para no recuperarlo en su obra y difundirla, analizarla y compartirla con las nuevas generaciones, a las cuales ayudará a entender que, como bien lo apuntó el creador de “Escenas de pudor y liviandad”, a la sociedad “hay que leerla como una novela”, acercarse a ella “como un proceso literario”, al mismo tiempo que “todo lector está hecho de combinaciones heterodoxas; de otro modo un lector no va muy lejos”.

Leer para entender, analizar y proponer (más allá de los 140 caracteres que permite Twitter, por ejemplo). Pero leer, esa era su premisa. Y, en el mejor de los casos, utilizar la palabra para el cambio posible, en lo posible.

Después de todo lo que compartió a través de sus textos, también, con humildad, Monsiváis alguna vez respondió: “Cuando nadie me ve, cuando nadie me escucha, me digo: a lo mejor sí soy escritor”.

De eso, en efecto, no hay duda: A todos nos consta.

Comments

comments

Share This Article

Otras Notas

Elijah Cummings, presente en la defensa de los inmigrantes
Elijah Cummings, presente en la defensa de los inmigrantes
‘Impeachment’ y registro de votantes deben ir de la mano 
‘Impeachment’ y registro de votantes deben ir de la mano 
La batalla por los Dreamers en una democracia en riesgo
La batalla por los Dreamers en una democracia en riesgo

Conéctate con los columnistas